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Poesía en patineta, del vértigo a lo lúdico

Centro Deportivo Israelita, A.C.

Si lo tuyo es la poesía; si ya has participado en el Certamen Literario del CDI con algún poema bien podrás entender lo que decía el poeta español José Hierro: “La poesía se escribe cuando ella quiere”. Vamos, no es que se abra una página en blanco y se llene sola; sino que Hierro marca una distancia entre el poema y el poeta. A la manera romántica, un poema es una forma de soñar despierto, un ensueño diría Rousseau.

Para los miembros del Jurado, aunque Cuento es el género con mayor participación, la poesía es la reina del Certamen. Cada año la veta poética de los Socios talla el idioma con versos que dan cuenta de una infinidad de temas, desde los clásicos de amor-desamor, los existenciales, los bucólicos, y aquellos relativos a la vida cotidiana como un partido de fútbol o comerse unos tacos.

El crítico literario Gaston Bachelard abrió una fuente inagotable con su planteamiento de “la imaginación poética”. Bachelard (que además sabía de sueños) hizo de la poética su centro de estudio. Claro, lo poético no es necesariamente un poema; y, un poema, puede que no llegue a ser poético, pero a riesgo de dar un ejemplo veleidoso, podemos imaginar a un Bart Simpson mexicano que regresa a casa con un libro de poesía bajo el brazo. Eso o “desanclar los sueños” como decía Bachelard.     

Entre los años setenta y ochenta, el poeta regiomontano Gabriel Zaid escribió una trilogía interesante y vigente acerca de la poesía: Leer poesía (1972); Cómo leer en bicicleta (1975); y, La poesía en la práctica (1985). Libros relevantes que eluden la preceptiva y que son un faro para quien quiera disfrutar de la poesía. Antes de entrar en la materia, Zaid se pregunta, ¿qué es la Literatura? De manera recurrente, porque además no hay una sola respuesta que abarque o describa lo que es la literatura, expresa la idea de que “es el medio abstracto de alcanzarse a uno mismo como concreto”.

En Leer poesía, dice que Rosario Castellanos destacó a fuerza de méritos indiscutibles pero que sobre todo porque hizo de la poesía “su laboratorio de lenguaje y de vida”. Respecto a la visión poética, Zaid dice que no hay una preceptiva de la música sintáctica, lamenta que no haya lectores lo suficientemente avezados que descubran “los juegos de reiteraciones, las concordancias, contrastes, latigazos”; y, menos aún, que “descubran los juegos de espejos entre el personaje y el autor”, entre otros recursos estilísticos.

De regreso a José Hierro (que también sabía algo acerca de los sueños) escribió: “Canta, me dices. / Y yo canto. / ¿Cómo callar? Mi boca es tuya. / Rompo contento mis amarras, / dejo que el mundo se me funda. / Sueña, me dices. Y yo sueño.” / Gabriel García Márquez afirmaba que, la Literatura lo escogió a él; es como decir que Cien años de soledad lo inventó; ambas son ideas muy románticas que no reflejan la cantidad de trabajo que implica un poema, una obra literaria.

Gabriel Zaid dice que la poesía se hace con tanto rigor que parece solo materia de especialistas. Eso nos alejaría del sentido lúdico y de la idea de que para participar en un certamen literario hay que ser un especialista. Sin duda, los miembros del jurado agradecen cuando están frente a un trabajo que implicó cierto rigor, no hablamos del trabajo fino, agudo de un poeta, sino del esfuerzo que precisa el lenguaje de una aventura en ciernes que, en mi opinión, nos debería hacer sentir que la poesía es para disfrutarse en todas partes, incluso en una patineta.

 

//Mauricio Coronel