Mi Cuenta CDI

Yehuda Amijái, vida y obra

Centro Deportivo Israelita, A.C.

Yehuda Amijái (Würzburg, Alemania, 1924 - Jerusalem, Israel, 2000). Es considerado el poeta nacional de Israel y una de las voces más importantes de la poesía moderna de la segunda mitad del siglo XX. Nació en el seno de una familia judía ortodoxa que, en 1936 huyendo de la persecución antisemita, emigró al Mandato Británico de Palestina. Formó parte de la generación de escritores judíos que, habiendo nacido en Europa, fue partícipe directo de la fundación del Estado de Israel y es, por lo tanto, representativo de esa doble identidad que implicó el tránsito del exilio al arraigo en su tierra. El texto que aquí se presenta, así como también los poemas que lo acompañan, forman parte del libro Mira, tuvimos más que la vida (nuevos poemas escogidos), antología compilada y traducida del hebreo por Claudia Kerik y publicada recientemente por Elefanta Editorial con el apoyo de la Fundación Metta Saade. El libro incluye además fotografías y testimonios de Paul Celan, Assia Gutmann, Ted Hughes, Cynthia Ozick, Amos Oz, Octavio Paz y Homero Aridjis.

 

POR QUÉ ESCRIBO EN HEBREO…

Escribo en hebreo porque no puedo escribir mis poemas en otra lengua. Para mí es el idioma natural en un país de habla hebrea. Pero no olvidemos que hasta hace unas pocas generaciones esto no era así. El hebreo era una lengua sagrada que se utilizaba en las plegarias y en las ceremonias religiosas, como en bodas y funerales. Pero a diferencia de otras lenguas antiguas, nunca fue una lengua muerta. Las oraciones y los rezos siempre les recordaron a los judíos su patria ancestral, la geografía de esta, su clima, e incluso sus ciclos agrícolas como el tiempo de cosecha y maduración de los frutos. En suma, la lengua hebrea siempre fue una lengua paterna, pero ahora, de nuevo, se ha convertido en una lengua materna. El sionismo — que de hecho debería ser considerado como ‘la gran revolución del pueblo judío’ — comenzó como una revolución cultural al hacer del hebreo el idioma de una nueva nación. Esto también significó una revolución contra la Historia, contra el destino, y para muchos judíos ortodoxos, contra D-os. El gran poeta sionista nacional, Jaim Najman Bialik, probablemente hablaba en yiddish con la mujer que amaba, pero le escribía sus poemas de amor en hebreo (y quizás ella ni siquiera sabía hebreo). Se cree que a principios de este siglo Bialik afirmó que hubiera podido enunciar una bendición con tan solo escuchar hablar en hebreo al primer ladrón y a la primera prostituta compareciendo ante un juez, custodiados por un oficial de policía, hablando todos por vez primera la lengua de los profetas.

Pero el milagro del renacimiento de la lengua hebrea no cayó del cielo a los brazos de una humanidad escéptica. Para conseguir este milagro, los judíos tuvieron que trabajar arduamente. Fue un milagro hecho por el hombre. Eliezer Ben Yehuda fue quien compiló el primer gran diccionario del hebreo moderno a principios de siglo, renovando las bases de la lengua e introduciendo palabras modernas tomadas del campo de la ciencia, la tecnología y las artes creativas. Él no inventó palabras artificiales, las tomó siempre de textos antiguos como la Biblia, la Mishná y el Talmud. Me parece que incluso ahora, si el Rey David caminara nuevamente por las calles de Jerusalem (en los alrededores del famoso Hotel King David), podría comprender muchas de las cosas que allí se dicen.

Provengo de una familia donde todos los hermanos y hermanas de mis padres llegaron a Palestina a comienzos de los años treinta. Ningún miembro de este gran clan se quedó en Alemania, y por lo tanto, ninguno pereció en el Holocausto (por desgracia, en Israel son pocas las familias así). Durante la Segunda Guerra Mundial fui voluntario del Ejército británico, aunque muy pronto me integré a las unidades de comando del recién creado Ejército israelí en la Guerra de Independencia, así que los primeros siete años de mi vida adulta fueron guerras. Pero a esa edad, entre los 18 y los 25 años, también se viven los grandes amores. Mi vida, pues, comenzó entre dos extremos: la guerra y el amor. Empecé a escribir poesía usando mis palabras en aras de lograr un acuerdo entre esos extremos de mi vida, para poder sanarme y seguir viviendo. A partir de entonces la escritura se volvió esencial para mí. En cada poema que escribo siempre hay algo personal y privado que genera la fuerza del texto.

Me hace muy feliz que los poemas que me han ayudado a curarme también ayuden a otros. Creo firmemente que el arte debe sanar y consolar, y no presentar, de buenas a primeras, la cruel realidad de nuestra vida moderna, aquí y en otras partes del mundo.

 

Jerusalem está repleta de judíos usados
Jerusalem está repleta de judíos manoseados por la historia,
judíos de segunda mano con pequeños defectos, más baratos.
Y el ojo que avista a Sión mira todo el tiempo. Y todos los ojos,
de los vivos y de los muertos, se estrellan como huevos
a la orilla de un tazón para hacer de la ciudad
una masa enriquecida y fermentada.

Jerusalem está llena de judíos cansados
que son fustigados siempre de nuevo,
en días de recordatorios y de fiestas,
como osos que con los pies dolientes bailan.

¿Qué requiere Jerusalem? No un alcalde,
sino un director de circo con un látigo en la mano
para adiestrar profecías y entrenar profetas
a que galopen en círculos, y enseñar a sus piedras
a apilarse peligrosamente unas sobre otras
en el acto final.

Después caerán al suelo desmoronadas
por el alboroto y por las guerras.

Y el ojo hacia Sión dirige su mirada y llora.

Lástima. Éramos un buen invento
Amputaron
tus muslos de mi cintura.
Para mí serán siempre
médicos. Todos ellos.

Nos desprendieron
al uno del otro. Para mí son ingenieros.
Lástima. Éramos un buen invento
amando: un avión hecho de un hombre y una mujer
con alas y todo:
nos elevamos un poco de la tierra,
volamos un poco.

D-os mío, el alma…
D-os mío, el alma que vertiste en mí es humo
de la eterna quema de memorias de amor.
Nacemos y enseguida las quemamos,
y así hasta que el humo, como humo, se esfume.

 

 

//Claudia Kerik

Traducción del Hebreo: Claudia Kerik