Había una vez una niña de 10 años que se llamaba Jessie. Vivía en un conjunto de siete casas; en cinco de ellas, vivían tres niños y dos niñas de su edad, pero había una casa hasta el fondo en donde vivía un señor que no le caía bien a Jessie porque nunca sonreía, nunca decía buenos días y siempre se veía serio.