Desde la perspectiva de los adultos, ser niño implica estar en constante movimiento. Significa estar continuamente descubriendo, exponiéndose a ciertas situaciones divertidas, y en ocasiones, de precaución. Naturalmente, como adultos nos toca cuidar siempre de los pequeños y de los espacios que habitan, cuidar lo que les decimos y cómo lo decimos.