
Hoy tengo la oportunidad de compartir una experiencia que marcó mi vida y me siento afortunado; lo más increíble es que solo una sonrisa y unos minutos para darle otro valor a ese hecho tan simple y a veces involuntario y más, si viene de un niño.
Seis horas de viaje y achaques físicos, nos llevaron a Zongolica, Veracruz, un lugar que me dio una increíble experiencia visual, y me quitó todo contacto con mi vida diaria, incluyendo la señal del celular con la que creía no podía vivir. Subimos a la montaña, lo cual significó una hora más de viaje, cerca del destino, se distinguían muchas personas formadas esperándonos… todas mujeres.
Cuesta trabajo dimensionar a mil mujeres acompañadas de uno o dos hijos, un frío apenas soportable, y más cuesta entender, que ellas bajan sin zapatos y con poca ropa, con la esperanza de recibir un cobertor, una consulta médica o terminar con ese insoportable dolor de muelas que hace meses las hostiga.
En medio del reparto, apareció a mi lado un niño que se dedicó a observar, le dimos un paquete de toallitas húmedas, el cual cargó con alegría a pesar de no saber qué era, ni para qué servía y continuó observando, era evidente que más atrás estaban dando juguetes a los niños, pero él siguió en su tarea. Una vez terminados los pañales, nos percatamos que ahí seguía mirándonos entretenido, fui al área de los niños, tomé una botella de burbujas con jabón, me acerqué y soplé, vi cómo cambiaron sus facciones, sus ojos se abrieron y una gran sonrisa apareció. Después de repetir lo mismo dos veces, acerqué el arito a su boca y con mucha energía sopló; cuando aparecieron las burbujas, rio a carcajadas con la inocencia de un niño, le di el bote de burbujas y continuó haciendo burbujas, riendo, gozando.
A unos días de ese momento, y de tener su sonrisa clavada en mi memoria, tengo claro que algo tan simple puede cambiarte y darte algo inmenso… El niño agradeció las burbujas y el jeep de juguete que recibió, (seguramente le dará horas de diversión), y yo me quedo agradeciendo todos los días lo que su sonrisa me dio, es tan complejo explicar lo que sentí con algo tan simple y a la vez, tan grande. Un instante es suficiente para darme cuenta que hay que procurar que nuestros niños rían, son nuestro futuro y es su felicidad.






