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“No hay rey sin pueblo”: el secreto místico de Rosh Hashaná
En ninguna parte de los Cinco Libros de Moisés se hace referencia a la festividad de Rosh Hashaná con el nombre por el que se la conoce comúnmente hoy en día. Este término surgió en el período talmúdico, un milenio y medio después de que se recibiera la Torá.
En el Talmud existe un tratado completo llamado Rosh Hashaná, dedicado a explorar las leyes de esta festividad fundamental. En la propia Torá se hace referencia a la festividad en dos ocasiones: una como “un memorial al sonido del Shofar, una ocasión sagrada” (Levítico 23:24) y otra como “un día de toque de Shofar para vosotros” (Números 29:1).
En ambos casos, el día se identifica con el toque del Shofar, el ritual central de la festividad. Antes de adquirir su nombre actual, se denominaba simplemente “Yom Teruá” o “el día del toque del Shofar”. Por tanto, para comprender Rosh Hashaná, debemos explorar el significado del Shofar.
El Shofar conlleva diversas connotaciones; una de ellas es la del toque de las trompetas reales para anunciar la llegada o la coronación del Rey. El Talmud describe Rosh Hashaná como el día en que D-os es proclamado Rey nuevamente para el año venidero. Pero ¿qué significa que debamos coronar a D-os como Rey? ¿Acaso el título de “Rey” implica algo que el de “D-os” no? Y si D-os desea ser Rey, ¿por qué necesita que nosotros lo proclamemos como tal? ¿No ejerce Él el control independientemente de si reconocemos o no su Soberanía?
Los sabios explican que la relación con un Rey difiere notablemente de la relación con D-os en que (al menos idealmente) un monarca es elegido por sus súbditos. Mientras que D-os es D-os independientemente de la voluntad de sus criaturas, un Rey solo lo es si sus súbditos le juran lealtad. Por supuesto, la historia ha conocido numerosos monarcas que impusieron su dominio sobre la población por la fuerza. Sin embargo, la Torá establece una distinción clara entre memshalá (“dominio” o “gobierno”) y melujá (“realeza” o “reinado”). Un Moshel —o “gobernante”— es alguien que somete a sus súbditos por la fuerza, mientras que un Melej —o “rey”— es aquel a quien el pueblo ha ofrecido voluntariamente su lealtad y servicio.
Los sabios expresan este concepto con la frase: Ein Melej beló am —“No hay Rey sin pueblo”— (Rabeinu Bajaye sobre Génesis 38:30). La implicación más directa es que nadie puede ser gobernante si no hay a quién gobernar. En un nivel más sutil, esto indica que si el am —el “pueblo”— no consiente que dicha persona reine, entonces, aunque logre imponer su voluntad por la fuerza y actúe como dictador o tirano —por muy poderoso que sea—, en realidad no es un Melej—un “rey”— en absoluto.
Los maestros Jasídicos extraen una enseñanza aún más profunda de esta afirmación: Ein Melej beló am —“No hay Rey sin pueblo”—. La palabra am significa “nación” o “pueblo”, pero con una vocalización distinta también puede leerse como im, que significa “con”. Así planteada, la afirmación rezaría: «no hay Rey si no hay un “con”». En otras palabras, no puede haber Rey si no hay nadie “con” él; nadie con quien guarde cercanía, semejanza o vínculo. En este sentido, se comprende que es imposible hacer de D-os nuestro Rey si no somos semejantes a Él. Una persona puede poseer muchas ovejas o caballos y controlarlos por completo, pero no puede ejercer como monarca sobre ellos. Nadie puede ser rey de árboles o rocas. Es posible poseer muchos bienes materiales, pero tal propiedad no convierte a uno en soberano. Para ser Rey de algo, el Rey y sus súbditos deben pertenecer a la misma especie o naturaleza.
La implicación, pues, del mandato divino de “hacerme Rey sobre vosotros” es que somos intrínsecamente semejantes a Él y, por tanto, capaces de ser sus súbditos. Solo por el hecho de ser seres dotados de divinidad podemos hacer de D-os nuestro Rey. Solo revelando nuestra divinidad intrínseca podemos cumplir su mandato de coronarlo. Esta es, entonces, nuestra tarea suprema en Rosh Hashaná: descubrir y manifestar nuestra divinidad esencial. De este modo, revelamos que D-os es soberano sobre toda su Creación.
(Este es un extracto de Pnei Hashem, una introducción a las profundidades de la experiencia humana basada en las enseñanzas esotéricas de la Torá).
Este libro menciona que existe una sabiduría que aguarda y que no está destinada a ser un secreto. Es antigua y está a nuestro alcance, pero es ampliamente desconocida. Ha permanecido oculta durante demasiado tiempo y ha llegado el momento de revelarla.
La existencia no carece de sentido. La humanidad no es irredimible. El futuro no es sombrío. La alienación y la desesperación que acechan justo bajo la superficie de la psique moderna no constituyen la condición humana inevitable; son el resultado de ideologías erróneas que impregnan nuestra cultura global e invaden cada uno de nuestros pensamientos. Cada uno de nosotros —todos y cada uno— es mucho más de lo que imaginamos. Estamos aquí por una razón y contamos con todas las capacidades que necesitamos.
El libro Pnei Hashem es una introducción a las profundidades más recónditas de la experiencia humana, basada en las enseñanzas esotéricas de la Torá. Estos conceptos han permanecido envueltos en el ámbito reservado del misticismo Jasídico durante milenios; el objetivo es presentarlos de manera accesible y significativa para aquellos que aún no han tenido contacto con la Pnimyus —o las dimensiones internas— de la Torá.
Pnei Hashem explora con mayor profundidad los temas diversos sobre enseñanzas de la Torá, e incluye el texto Hebreo de todos los versículos citados, explicaciones adicionales de conceptos que, entre otras cosas, profundizan en la “práctica de liberación” de la Torá.
El sonido del Shofar es, entonces, una manifestación de la aspiración a la Divinidad. No puedes manifestar algo si no crees que sea posible. ¡Uno de los increíbles mensajes intrínsecos del Shofar es la esperanza y la idea de que todo es posible!
Según la tradición judía basada en Isaías 27:13, el Shofar se hará sonar —y se escuchará en todo el mundo— para anunciar la llegada del tiempo de la Redención. ¿Qué relación tiene esto con la esperanza? La Era Futura es aquella en la que habrá paz en nuestros corazones, paz mundial, sanación total, amor, comprensión y alegría.
Básicamente, cualquier cosa que sueñes manifestar seguramente se desarrollará para bien durante ese tiempo. Por lo tanto, escuchar el Shofar es, en realidad, un recordatorio de que estamos manifestando colectivamente este Gran Día y esta Gran Era, y de que existe esperanza no solo para el mundo entero, sino también para cada uno de nosotros.
Fuente: Traducción de términos judaicos de la fuente: The Jewish Website. Selected Jewish News & Analysis, 30 agosto de 2026.
//Saskia Levy








