
El clima político en Israel luce particularmente complejo. Acaba de tener lugar la tercera elección parlamentaria,
después de un año en el que las dudas sobre el rumbo político que se adoptaría superaron a las certezas. Como se esperaba. Benjamin Netanyahu a la cabeza de su partido político, el Likud se impuso ajustadamente en las urnas. No obstante, obtuvo el mayor porcentaje de votos desde el año 2003.
El referido Likud conquistó 35 bancas parlamentarias, y con sus distintos aliados controlará directamente 58 escaños parlamentarios. Su rival, el general Benny Gantz, con su joven movimiento Azul y Blanco, logró hacerse de 32 bancas y tendrá en más una presencia parlamentaria opositora significativa.
Netanyahu necesita ahora poder conformar una coalición que contenga 61 bancas en la Knesset, que tiene un total de 120 escaños.
De alguna manera, la reciente elección israelí pareció un referéndum sobre la credibilidad personal del Primer Ministro Netanyahu, que está siendo objeto de acusaciones criminales, que este rechaza y califica de simples maniobras políticas.
En lo inmediato, el Presidente de Israel, Reuven Rivlin, tiene que decidir a cuál de los dos grandes contendores de la reciente compulsa convocar a formar gobierno. El resultado electoral mencionado sugiere que el primer llamado lo recibirá Netanyahu, que, confirmando su reconocida habilidad política para sobrevivir a las convulsiones, acaba de superar la que ha sido una larga y dura tormenta política, que apuntó a excluirlo del escenario local. Sin embargo, el líder opositor Gantz conserva aspiraciones de que el presidente le pida a él que forme un gobierno de coalición.
Como se puede ver, la situación política continúa siendo incierta.
Fuente: lanacion.com.ar
