
La festividad de Shavuot, que se celebra en estos días, se conoce con varios nombres: La fiesta de las primicias, en la cual se ofrecen los primeros frutos sobre los cuales fue alabada la Tierra de Israel (trigo, cebada, uva, higo, granada, aceituna y dátil).
La fiesta de la cosecha, en época de la cosecha del trigo. En Shavuot se hacía una ofrenda especial en la época del Templo: “los dos panes” (Shete Halejem) hechos de harina que estaba molida del trigo nuevo.
Desde una mirada hebrea, Shavuot en hebreo moderno significa ‘semanas’, que en singular es shavua semana, que a su vez viene de shéva siete (7). El motivo es claro: ¡los siete días de la semana! Sorprendente, ¿no es así?
Para decir dos semanas, utilizamos el dual shvuáim como podemos apreciar.
Quien haya estado en Israel, se habrá sorprendido de la longevidad de la ciudad de Beersheva, la capital del Neguev, que se menciona ya en el libro Génesis y que podría traducirse libremente como Siete Pozos.
No nos olvidemos de Batsheva, esposa de Uriá, y luego esposa del rey David, madre del rey Salomón. Esta historia, como tantas otras acerca de este rey, merece una mención aparte que tal vez algún día abarque.
Al parecer, el nombre de esta reina inspiró a la compañía de danza Batsheva en la elección del nombre. Cuando queremos decir que algo es inconmensurable en comparación a otra cosa, utilizamos la misma raíz hebrea para decir shivatáim, algo así como multiplicado por siete veces.
Por último, recordemos que nuestro día de descanso semanal también se basa en esta noble raíz. En la Torá está escrito que en el séptimo día D-os descansó.
