
Las virtudes más grandes de un gimnasta son la paciencia, la constancia y la valentía. La paciencia para repetir cientos de veces los movimientos,
acercándose a la perfección sin alcanzarla nunca. La constancia para acudir al entrenamiento cada día con disposición al esfuerzo. La valentía para sobreponerse al riesgo con sangre fría, a pesar de la inexperiencia. Se espera un comportamiento honorable de un gimnasta en muchos otros sentidos, pero ningún otro atributo físico o mental es tan importante como las tres cualidades anteriores para triunfar en el mundo de la gimnasia.
En el CDI ha habido casos de gimnastas con estos atributos, que han sobrepasado cualquier expectativa, y aportan cada día un poco al desarrollo de la gimnasia a nivel internacional. Esta vez hablaré de Abraham Kletzel, gimnasta del CDI, seleccionado universitario en los Estados Unidos, juez internacional de gimnasia y ahora entrenador en su propio gimnasio, en Israel.
Abraham comenzó la práctica de la gimnasia a una edad tardía (10 años), sin poder hacer una sola “dominada” o “barra”. A pesar de la desventaja, en equipo con el profesor Luis García fue capaz de remontar y colgarse una plata en Caballo con arzones en la Olimpiada Nacional 2000. Fue campeón nacional en una categoría promocional en 1999. Asistió a dos Macabiadas, en 2001 y 2005, llegando a finales en Salto y Barra fija respectivamente, ambas veces obteniendo el 4° lugar general. Durante sus dobles estudios universitarios en Cinematografía (Bachelor of Arts) y Administración Deportiva (Bachelor of Science) en Temple University, Philadelphia participó en el circuito de competencias gimnásticas NCAA.
Lo aprendido durante años de ejercitar la voluntad en la sala de gimnasia, se convierte usualmente en éxitos en otros ámbitos de la vida. Abraham ha sido stage manager y productor para Disney, profesional de la mercadotecnia (al completar una maestría en negocios, MBA, de la Universidad de Tel Aviv), juez internacional de gimnasia por Israel en el período 2012-16 y actualmente entrenador y dueño de su propio gimnasio, además de estar al frente de una franquicia de CrossFit (www.crossfithodhasharon.co.il), en el área metropolitana de Tel Aviv, donde reside con su esposa Liat.
Historias como la de Abraham no son infrecuentes entre los gimnastas que perseveran. Todo aquel que conoce a un gimnasta de competencia ha visto lo que es una voluntad a prueba de fuego. Eso es lo que la gimnasia tiene que ofrecerles a sus hijos. Lo único que hace falta es que ellos estén en la sala de gimnasia, con gusto de estar allí.
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