
A veces… la vida nos puede cambiar drásticamente en
cuestión de un solo segundo. Una milésima de segundo es todo lo que se requiere.
Nadie tiene garantizado que se pueda salvar de este pequeño instante alterador. Por más de que tratemos de ser sumamente sanos y cuidadosos todo el tiempo, ninguno de nosotros puede evitar este tipo de momentos transformadores de la vida. Como dicen, cuando te toca, ni aunque te quites y cuando no te toca, ni aunque te pongas.
Definitivamente no le deseo nada negativo a nadie, pero si una de esas desafortunadas milésimas de segundo se le atraviesa a alguien en el camino, de ahí en adelante, todo depende de la actitud que adoptemos.
A mí me sucedió hace casi nueve años. La tarde del 21 de junio de 2008, volví a nacer. Un misterioso clavado a una piscina me dejó inconsciente debajo del agua. Afortunadamente, mis familiares y amigos que me acompañaban ese día lograron percatarse de la situación y me sacaron justo a tiempo. Sin embargo, los restos de dos de mis cervicales impactaron mi médula espinal, causándome una cuadriplejía a mis veintiséis años.
¿Volví a nacer? ¡Por supuesto! ¡Fácilmente me pude haber muerto, ahogado, en esa piscina! Me dieron una segunda vida, una segunda oportunidad, y procuro cada día aprovecharlo al máximo. Y no solo podría estar muerto, sino también, si me hubieran dejado más tiempo bajo el agua, podría tener daño cerebral por falta de oxígeno al cerebro. Gracias a Di-s mi mente está intacta… y la mente es mucho más poderosa que el cuerpo.
Te peleaste o enojaste con D-os cuando te sucedió esto, me preguntan. ¡Por supuesto que no! Al contrario, estoy eterna y totalmente agradecido con Él por darme esta segunda vida y, además, por darme tantas bendiciones a lo largo de ella. Es muy cierto que por cada puerta que se cierra, se abren miles de ventanas. Es solo cuestión de querer ver la belleza detrás de cada una de ellas.
Una de estas ventanas abiertas fue la oportunidad de escribir y autopublicar mi primer libro, En la silla de Morfeo. Desde pequeño no he tenido muy buenos hábitos de lectura (algo que estoy cambiando ahora), pero si nunca fui muy buen lector, ¡mucho menos escritor! Nunca me hubiera pasado por mi mente escribir un libro, pero a raíz del accidente, una cosa llevó a la otra y el 11 de febrero de 2014, ¡lo logré! Mi intención nunca fue volverme escritor, sino transmitir la importancia de tener una actitud positiva ante la vida y los problemas que puedan surgir. Simplemente sentí que un libro era el medio adecuado para expresarme y esparcir este mensaje tan importante.
¡Ha sido una experiencia mágica! Por consecuencia del libro me han entrevistado en varios medios, me han producido videos cortos y, posteriormente, surgió la oportunidad de dar charlas de motivación en muchísimos lugares. Todo esto me ha causado una sobredosis de energía positiva y buenas vibras, pues diariamente recibo mensajes y sonrisas de personas que, de una u otra manera, se han inspirado y han encontrado respuestas para sus propias vidas. ¡Esto no tiene precio! O mejor dicho, el “precio” es vivir con una lesión medular, ¡pero vale toda la pena!
En la vida es clave tomar una actitud positiva. No hay de otra. ¡Así que teikirizi y pa’lante!
