
La inauguración del Muro de los Nombres de la Shoá
coincide con el 83 aniversario de La noche de los cristales rotos, una masacre promovida por los nazis, en la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, que se considera el punto de radicalización de las políticas antijudías del III Reich.
El monumento rodea el parque Ostarrichi, situado entre un edificio de la Universidad de Viena y el Banco Nacional, y está formado por 160 bloques de granito en los que se encuentran grabados los nombres de los 64,440 judíos de todas las edades asesinados por los nazis.
“Durante demasiado tiempo Austria se vio exclusivamente como una víctima del nacionalsocialismo (…), pero demasiados miraron a otro lado o participaron cuando a sus conciudadanos se les robó, deportó y asesinó”, reconoció el canciller austríaco, Alexander Schallenberg, en la ceremonia de inauguración del monumento.
“Hemos mirado demasiado a otro lado hasta hacernos conscientes de nuestro papel y de nuestra responsabilidad”, insistió, subrayando que con ese memorial Austria asume el capítulo más oscuro de su historia.
“Con este muro evitamos el olvido de sus nombres y sus historias, les devolvemos su nombre, su individualidad y, con ello, parte de su dignidad, y un lugar en su país. Todo eso que se les quitó sin piedad”, agregó.
Schallenberg se comprometió a que la responsabilidad de Austria no se refiera solo al pasado sino también a la lucha presente y futura contra toda forma de antisemitismo en todo el mundo.
El sobreviviente del Holocausto Kurt Yakov Tutter, de 91 años, ha luchado durante más de dos décadas por la construcción de un memorial que recordase a todos los judíos austríacos que murieron en el Holocausto.
En 1939, cuando Tutter tenía 9 años, su familia huyó de Austria a Bélgica, donde fueron detenidos y deportados al campo de exterminio de Auschwitz en 1942. Sus padres fueron allí asesinados.
“Este memorial no trata acerca de mi familia, sino del recuerdo de personas olvidadas. Cuando los austríacos vengan aquí podrán leer cada nombre y preguntarse: ¿quién era esta persona?”, explicó Tutter a los periodistas.
«Cada nombre es una persona, una vida”, destacó Tutter sobre las decenas de miles de víctimas de la Shoá inscritas en ese muro, la mayor de ellas de 101 años mientras que la menor fue asesinada al poco de nacer.
Fuente: aurora
