Fue la tarde-noche del anterior domingo, una cita con el arte cinematográfico.
Fue la tarde-noche del anterior domingo, una cita con el arte cinematográfico.
Sin pisar la alfombra roja ni verse envuelto por la fastuosidad del Teatro Dolby, simplemente con la visión de lejos a través del aparato receptor de la pantalla, fue posible testificar la 92 entrega del Oscar en Hollywood.
Un premio con una estatuilla ideada por Cedric Gibbons, director artístico de Metro Goldwyn Mayer y diseñada por el escultor George Stanley, que comenzó a entregarse en 1929.
Un premio cuyo nombre es toda una leyenda digna para un guion pues cuenta que la bibliotecaria de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas Margaret Herrick – a la postre directora ejecutiva – al ver el trofeo por primera vez expresó que se parecía a su tío Óscar. Nadie ha desmentido esa versión. Después, el nombre se empezó a hacer popular tras la difusión de una columna del periodista Sidney Skolsky en 1934 y el premio adoptó el nombre oficialmente en 1939, diez años después de la primera entrega.
Un galardón que representa a un caballero que sostiene una espada sobre un carrete de película con cinco rayos.
Una estatuilla de bronce sólido bañada en oro de 24 quilates que mide 34 cm y pesa 3,8 kilos.
Un premio que la tarde-noche del domingo pasado se prodigó en manos de actores, actrices, guionistas, cinefotógrafos, diseñadores, dibujantes, sonidistas, arreglistas, directores y productores.
Un premio en cuyo segmento In memoriam presentado por el director judío Steven Spielberg y fondo musical con la pieza Yesterday interpretada por una desafinada Billie Eilish, el programa rindió homenaje al productor de La lista de Schindler y sobreviviente del Holocausto Branko Lustig; a la icónica actriz judía Sylvia Miles; y a Buck Henry, guionista de El graduado y Get Smart. La entrega de premios también conmemoró a Kirk Douglas, el actor nacido como Issur Danielovitch que murió recientemente a la edad de 103 años y también al mexicano Fernando Luján, heredero de la dinastía Soler.
Un premio que se otorgó por primera en categoría de Mejor Película a una cinta en lengua no inglesa, la surcoreana Parásitos.
Un premio que reconoció a Taika Waititi, un judío maorí, como responsable del Mejor Guion Adaptado por Jojo Rabbit
Un premio que aglutinó a otros representantes de la comunidad judía como Joaquin Phoenix galardonado como Mejor Actor por Jocker, Sam Mendes, nominado como Mejor Director por 1917, Scarlett Johansson, nominada como Mejor Actriz por Historia de un matrimonio y Mejor Actriz de Reparto por Jojo Rabbit (donde interpreta a una madre alemana que esconde a una niña judía en su casa) y Noah Baumbach, nominado como Mejor Guion Original por Historia de un matrimonio.
Un premio que cada vez traspasa las fronteras hollywoodescas y norteamericanas y que de una u otra forma alienta al público a interesarse por apreciar el arte cinematográfico.
Un arte presente en la Casa de Todos y que todos los martes nos convoca a ver y reflexionar sobre una cinta de calidad en el Ciclo Cine-Reflexión que debe estar en nuestra agenda semanal.
//TEÓFILO HUERTA
