
Mientras medios de comunicación del mundo entero se hacían eco de las
horribles noticias que llegan día a día desde Siria, las cuales cuentan el salvajismo con el que combatientes “comen órganos de sus víctimas” en Israel una niña Siria, ha tenido una suerte “un poco distinta”. Esta historia cuenta sobre la organización israelí Save a child’s Herat (Salva el corazón de un niño).
Esta organización cuenta entre otras cosas, la historia de un proyecto innovadoramente humano, con rasgos muy poco comunes, y profundamente asombrosos, donde lo mejor de la tecnología médica israelí se pone al servicio de niños que jamás hubieran logrado llegar a ella.
¿Qué tienen en común una niña siria de cuatro años -cuya identidad no puede ser revelada, por su seguridad-, el pequeño Yusuf, de 5 meses, nacido en Kurdistán (Irak) , Muhamad al-Aghbar de 4 meses de la ciudad palestina de Nablus, Monique de Tanzania, de 13 años, y otro pequeño Muhamad de un mes de edad llegado de Ramallah, un niño chino y otro de Rumania.
Todos ellos, y muchos más están internados en el Hospital Wolfson de la ciudad israelí de Holón, antes o después de sus respectivas operaciones cardíacas, con las cuales sus madres, independientemente de su origen, religión, nacionalidad y color, esperan que les cambie la vida.
A varios de ellos los vimos días atrás en la sala de Cuidados Intensivos del hospital, que bajo la dirección del Dr. Sion (Tzion) Houri, no hace menos que dar vida.
Los niños no israelíes-que hoy son cerca de veinte -son atendidos y operados en el marco de la impresionante obra de Save a child´s heart-Salva el corazón de un niño- una asociación humanitaria que comenzó a funcionar a fines de 1995, con el declarado objetivo de salvar la vida de niños que por deficiencias cardíacas corrían peligro de morir.
Desde entonces ya han sido 3.000 los niños operados, llegando de 44 países diferentes, la mitad de ellos palestinos, junto a unos 200 de Irak, numerosos de varios países africanos, de Asia y hasta alguno de Ecuador, Barbados y Panamá.
Siria se convirtió estos días en el país número 45, al llegar desde Jordania la niña por la que nada se había podido hacer en su tierra natal y que fue derivada a Israel por una organización estadounidense humanitaria que funciona en Jordania.
El gran promotor de la iniciativa fue el hoy ya fallecido Dr. Ami Cohen, un cirujano cardíaco que emigró de Estados Unidos a Israel en 1992 y comenzó a trabajar en el Hospital Wolfson. “Poco después lo contactó un colega, cardiólogo infantil de Etiopía, el único en el país, que podía hacer diagnósticos pero no podía operar”, nos cuenta Tamar Shapira, encargada de Relaciones Públicas de Salva el corazón de un niño.
“Le dijo a Ami que necesitaba con urgencia su ayuda con dos operaciones claves para salvar la vida de dos niños. Ami le dijo que los mande. No había ninguna infraestructura. Durmieron en la casa de Ami, amigos lo ayudaron. Los operó y así les salvó la vida”.
Luego le mandaron otros dos y dos más y el Dr. Cohen decidió que dedicaría su vida a eso, creó Save a child´s heart y comenzó a traer niños de países en desarrollo que necesitaban ser operados.
El Dr. Ami Cohen falleció en el 2001 un día después de escalar el Kilimanjaro con su hija, sufriendo falta de aire.
Pero la asociación que se había convertido en actividad central en su vida desde hacía unos años, ya era una realidad “Recuerdo la conversación aquí, en este mismo corredor, parados, sin sentarnos siquiera, con Ami”, nos dice el Dr. Sion Houri, Jefe de Cuidados Intensivos Pediátrico al recibirnos en el Wolfson, mientras de fondo se oye los sonidos de los aparatos que indican vida y mucha atención.
“Yo había llegado poco antes al hospital, tras una conferencia en cardiología infantil en Los Ángeles. Y cuando Ami me dijo que quiere traer dos niños de Etiopía a operarlos, confieso que pensé que había enloquecido. En ese momento no se hacía aquí operaciones de corazón a niños y claro que además, si venían de Etiopía, había muchos aspectos más en lo que pensar”, cuenta el Dr. Houri.
“Estas cosas no tienen precio”, cuenta el Dr. Sion Houri. “No recibimos dinero por este proyecto, nadie nos paga más por atender a estos niños además del trabajo de siempre en el hospital y si el proyecto no funcionara, tendríamos el doble de tiempo libre, para nuestra práctica particular y para la vida en general.
Pero lo que esto nos da, no se paga con nada. El niño mismo, antes de la operación, casi no camina, le cuesta respirar, hay muchas cosas que no puede hacer. Después de la operación, puede correr, jugar, hacer travesuras. Cuando fuimos a Etiopía, vimos que los niños a los que habíamos operado estaban jugando al fútbol. Y eso nos compró del todo. Y desde allí, no paramos ni un momento”.
Fuente: www.latamisrael.com






