- CDI
- ÁREAS DE INTERÉS
- Academias
- Juventud
- Beyajad
- FIT 00
- Galería Pedro Gerson y Terraza Kikar
- Auditorio Marcos y Adina Katz
- Biblioteca Moisés y Basi Mischne
- Ludoteca
- Fiestas Infantiles
- Jardín Weizmann
- AL-HA ESH, El Entrerriano
- Salón para Bodas y Banquetes
- Anúnciate en el CDI
- Enfermería
- Banca Mifel
- Salón de Belleza y Peluquería
- Restaurante
- Zona de alimentos
- SEDES
- EVENTOS ESPECIALES
- INSCRIPCIONES
- BENEFICIOS
- PUBLICACIONES
- BIBLIOTECA
Suscribete para recibir Newsletter
Recibe las últimas noticias en tu correo
¿Dónde está el mundo real?
¿Dónde está el mundo real?
Cuento – Infantil B
Por: Gabriel Moreti
Primeros años
En una mañana soleada de 1985, Kevin se levantó para ir a la escuela. Era su primer día de primaria. Se lavó los dientes, se puso el uniforme, desayunó y alistó su mochila. Bajó para tomar el camión, se despidió de sus papás con un beso y un abrazo enorme y, aunque estaba muy nervioso, también se sentía feliz porque iba a conocer nuevos amigos con los que pasaría mucho tiempo.
Al llegar a la escuela, conoció a una niña llamada Carla. Era dulce, tierna y amable. Ella también estaba nerviosa, pero al ver a Kevin, se relajó, y Kevin, al hablar con ella, también perdió los nervios. Desde entonces fueron juntos a clases. Día tras día compartían recreos y comían juntos.
Con el tiempo, crecieron, cumplieron 11 años y llegaron a sexto de primaria. Un fin de semana hicieron un picnic en un parque grande, lleno de plantas y flores. Encontraron un árbol enorme que los protegía del sol. Extendieron su mantel, sacaron la canasta y comieron sándwiches, frutas y verduras. La pasaron tan bien que decidieron repetirlo cada domingo bajo ese mismo árbol, al que llamaron Alan. Nunca faltaban.
Pasaron los años. En preparatoria, Kevin le pidió a Carla que fuera su novia y ella aceptó. Estaban felices y, para celebrarlo, fueron a hacer otro picnic con Alan aunque no fuera domingo. Carla le dijo a Kevin:
—Qué bonita es la naturaleza.
Él sonrió y respondió que sí. Ambos amaban sus domingos en el parque con Alan.
Nuevos tiempos
Tres años después, llegó la graduación de preparatoria. Todos estaban nerviosos, pero salió perfecto y sus familias se llenaron de orgullo. Para celebrarlo, los padres de Kevin y Carla les regalaron lo más novedoso de los últimos años: un celular. Ambos estaban sorprendidos, pues era como traer el teléfono de casa contigo por todos lados. Si antes eran unidos, ahora más, pues se hablaban por celular todo el tiempo.
Carla y Kevin fueron cambiando de celular cada vez que salía un modelo nuevo. Las compañías celulares eran rápidas para actualizarse, incluso llegó el momento en que podían tomar fotos y videos con los dispositivos.
Pasaron los años y los novios se casaron, al mismo tiempo de que los celulares se convirtieron en un gran fenómeno, lo que ocasionó que la gente se olvidara de lo que pasaba afuera de las pantallas, incluidos Kevin y Carla. Las salidas al parque fueron menos frecuentes y, cuando iban, cada uno estaba con su celular. Un día, sin darse cuenta, Alan ya no estaba y no lo notaron. Lo hicieron hasta la primavera, cuando no hubo sombra para el sol que les quemaba sus rostros.
—¿Y Alan? —preguntó Carla extrañada.
—No lo sé, ayer estaba aquí, ¿no? —respondió Kevin.
Sin dudarlo un momento, corrieron a preguntarle al guardia del parque, quien les dijo:
—Uy, no, jóvenes, ese árbol lo talaron hace como dos meses, es que aquí van a construir unos edificios.
Carla y Kevin no podían creer lo que escuchaban, pero lo que más les sorprendió, fue saber que ellos no se dieron cuenta durante ¡dos meses! La culpa se hizo presente, pues en lugar de estar atentos a lo que pasaba en la vida real, dejaron que una pantalla los absorbiera. Lo único que quedaba de Alan fue un pequeño tronco.
Durante los días siguientes, Kevin y Carla investigaron qué empresa era la responsable de aquella tala y en cuanto lo supieron, fueron para allá. Cuando llegaron, pidieron hablar con el responsable, quien les dijo que la madera de ese árbol ya había sido vendida. Ellos se sintieron más decepcionados.
Cuando iban saliendo de aquella empresa, reconocieron en el piso, una pequeña rama de Alan y decidieron llevársela a casa. Con ella hicieron una pequeña figura en forma de corazón, la cual colocaron en la puerta de su casa.
Mucha gente se opuso a que en el parque construyeran edificios, pero nada le fue imposible a la empresa para lograr su negocio. Cuando supieron de esto, Kevin y Carla pidieron que les regalaran lo que quedaba del tronco de Alan. La empresa no se negó y con ella construyeron la mesa de su comedor, para no olvidar las ricas comidas que disfrutaron en aquellas tardes.
Años después
Los años pasaron y Kevin y Carla no lograban olvidarse de Alan, hasta que una hermosa noticia llegó a sus vidas: Carla estaba embarazada. Pasaron los meses y su pequeño bebé nació. Mientras lo veían por primera vez, los dos supieron cuál sería su nombre: Alan. Su bebé sería la promesa de que nunca más dejarían que la vida en una pantalla fuera más importante que la vida real.
Hoy su bebé es el recuerdo de las memorias en el parque, de una vida que iba más tranquila y de una promesa que cumplieron para siempre.
Fin.



