¿Cómo un libro se anida en el cuerpo y se hace vida? ¿Cómo la palabra rompe la crisálida de la memoria para transportarte al sueño

de una mariposa? ¿Cómo un poema retumba con sus balas y cataclismos en nuestra cabeza, y te hace vivir el paisaje de las calles, en los mítines, en las montañas? ¿Cómo la voz de la poesía, cobra vida con el sueño de los que soñamos un país libre…?

Esto solo puede surgir a través de la palabra de Gioconda Belli, de su reciente libro El país bajo mi piel, memorias de amor y de guerra.

Ciertamente pueden ser varias las circunstancias que marquen el destino de una obra y de una mujer. Pero en este caso, se trata de una poeta que nació para vivir en un país donde las fuerzas vivas de la cultura vislumbraban otra historia.
Nicaragua: la historia de un pueblo que diera la pauta para confrontar no solo la dictadura vivida con la Familia Somoza, sino como un pueblo y una tierra que abonara la esperanza de una forma de vida propia, fuera de la explotación y el sometimiento de los pueblos de América Latina.

Leyendo este libro, muchas otras voces aparecen en canciones que inundan atmósferas llenas del romanticismo perdido de aquella izquierda mexicana que coreaban a: Atahualpa Yupanqui, Víctor Jara, Mercedes Sosa, Zitarrosa, Silvio Rodríguez, Chabuca Granda, Carlos Mejía Godoy, cantantes que aún no siendo tan famosos, eran más reales para los que cantaban con la evocación rescatada de aquella clandestina insurgencia, y que podría ser la propia, acá en el México solidario: ¡Patria libre o muerte! 

Sin embargo, hacer de la vida propia un gran poema, donde la poesía irrumpe con las armas de la vocación y la convicción política, hacen que un cuerpo y un alma se vean avasalladas por las palabras mayores, y esto nos entrega la autora. 

Gioconda Belli nos muestra en este libro su apuesta. Después de lo vivido, el libro se descubre solo, se desnuda, y al recordar una canción, volver a sus poemas o escribir un verso o llorar con ellos; la poeta que lleva el país bajo la piel, nos muestra su iluminado heroísmo, nos conduce a la línea de fuego.

La comandante Belli, como la llamaban los nicas, hizo uso de las armas cuando fueron necesarias, siendo correo clandestino del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Después de la guerra y el amor, las únicas armas válidas que tuvo para colocar los puntos sobre las íes, fueron las palabras.

Conforme te adentras en la lectura, selva, calles, tierra adentro; hay una frontera que se descubre y se ve a través de ella. La frontera invisible, entre el sueño de la poeta y el cuerpo del deseo que se enlaza entregado a la lucha, a la guerra, al amor. Es como un cristal por donde se asoma la presencia y esencia de la protagonista que vivió dos realidades, una onírica llena de inocencia y autenticidad, y la otra tan tangible y llena de acción y decisiones.

Pasión y vida, son alimentos entre ambas realidades.

El sueño propio y la vida, hilvanados y deshilvanados por las sombras de la noche o la claridad del día.

Para Gioconda, el mundo era uno con ella en la pasión de la guerra y en la pasión del amor…

Imposible evadir, huir de ese amor, de esa pasión entregada al tálamo de la lucidez y la poesía.

El ser creador siempre cosechará heridas dentro del sueño o la realidad. Heridas, para Gioconda, que se transformaron en medallas, edades, paisajes llenos de nostalgia, aventuras del delirio y el deseo, cuentos, novelas y poesía, herencia donde surge la otredad, como una fuente donde guarda sus misterios…

Difícilmente se pueden enumerar los cientos de pasajes de esta autobiografía, y tantos los desafíos para nombrar con imágenes precisas, los cantos al amor y la guerra, como solo los puede develar el reflejo de una vida. El testimonio íntimo de una prosa refinada por el corazón y el entendimiento más profundo.

Biblioteca Moisés y Basi Mischne

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