La esclavitud judía en Egipto fue una guerra contra los

niños. De acuerdo al Midrash, la antología de relatos de soporte al texto bíblico, los astrólogos del faraón vaticinaron que el salvador de los hebreos estaba por nacer. Por ello, ordenó matar a todos los varones recién nacidos.

Cuando el faraón determinó que su edicto no era acatado, ordenó que todos los varones fuesen arrojados al río para sufrir allí una muerte segura, esta vez incluyendo a los bebés de madres egipcias. Es obvio que el blanco principal fueron las nuevas generaciones y, tal vez por ello, cuando Moisés se presentó ante el monarca, le informó que su intención de viajar al desierto para servir a D-os incluía a los niños, porque el judaísmo exige, ante todo, la continuidad.

La validez del presente está condicionada por la promesa del mañana.

Esto explica porqué la noche del Séder, la principal ceremonia de la Pascua judía llamada Pésaj, Passover, da tanta importancia a los niños. En la Hagadá, el texto recitado durante el Séder, se presenta la descripción de cuatro hijos presentes durante la cena litúrgica: jajam, el inteligente; rashá, el malvado; tam, el simple y sheenó yodea lish’ol, el que no sabe plantear una pregunta.

El jajam entiende que, para el crecimiento emocional y espiritual, es necesario salir del entorno de la esclavitud. El rashá también es inteligente, pero utiliza sus dotes intelectuales erróneamente. La respuesta de la libertad física le es insuficiente. Para el tam, que no está contaminado con ideales ajenos, la promesa de la redención del alma, que se eleva por encima de la idolatría en la cual Egipto estaba inmerso, es motivo suficiente para liberarse del yugo.

Finalmente, el hijo que ni sabe formular una pregunta, debe sentir que para D-os él es importante. Es como si D-os le dijera: “Te acercaré a Mí, para Mí tú tienes valor como un ser humano cuya alma también tiene un ingrediente que proviene directamente de Mí”.

La enseñanza es clara: los padres debemos acercar a cada hijo de acuerdo con sus dotes personales. Una sociedad está compuesta por diferentes sectores, y cada persona aporta hacia el desarrollo de acuerdo con su propio potencial. Siempre debemos sumar los esfuerzos; nunca dividir.

En realidad, la esclavitud egipcia ya le había sido anunciada al patriarca Abraham, y tendría una duración de cuatro siglos. Pero duró 210 años, porque, según nuestros intérpretes, D-os concluyó que quedarían totalmente asimilados si la esclavitud hubiera proseguido. El éxodo ocurrió con anticipación.

La palabra inicial de D-os debe cumplirse, por supuesto, por lo tanto, restan 190 años de esclavitud que se tradujeron en los diversos exilios padecidos por el pueblo judío a lo largo de su historia.

¿Por qué sufrió el pueblo judío esclavitud? El sufrimiento los aglutinó porque tenían un enemigo en común, los sensibilizó al dolor ajeno, y por ello, en el futuro, encontramos a miembros de este pueblo en las primeras filas en defensa de los oprimidos, incluyendo las minorías discriminadas en diferentes países, especialmente en Estados Unidos.

D-os los condujo al salir de Egipto durante 40 años en un desierto cuando bien podrían haber arribado a la Tierra Prometida en cuestión de meses. A lo mejor la intención divina fue permitir al pueblo judío el aprendizaje de cómo sobrevivir en un ambiente hostil, ser creativos frente a los obstáculos.

Fuente: www.unidosxisrael.org

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