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Fantasmas vemos, zombis no sabemos. Los vampiros de la ciencia hacen más que ¡b

Centro Deportivo Israelita, A.C.

/Carol Perelman

En esta época de Halloween, cerca del tradicional Día de Muertos, el humor se torna ácido y los disfraces muy comunes; pareciera que las alusiones son todas hechas de mera fantasía y tenebrosa imaginación, pero lo cierto es que mucho hay de ciencia; en especial detrás de los personajes más emblemáticos de estas fechas: las calabazas, los vampiros, los zombis y los fantasmas.

En el Reino Animal existe un zombi bastante eficaz y mucho más tétrico que los de las películas de terror; se llama Ophiocordyceps y es un tipo de hongo. Investigadores de la Universidad estatal de Pensilvania han descrito el mecanismo por el cual una espora del hongo Ophiocordyceps se pega a las patas de una hormiga y penetra en su cuerpo donde logra multiplicarse formando aún más células de hongo. Este parásito lentamente se va alimentando del interior de la hormiga comiéndosela de adentro hacia afuera mientras que ésta sigue haciendo sus labores habituales, comportándose como siempre, aparentando estar sana. Cuando el Ophiocordyceps logra ocupar más de la mitad de la masa del insecto, comienza a hacer una red con proyecciones como agujas que salen a través de los músculos de la hormiga. El hongo entonces manda señales químicas al cerebro del insecto haciendo que se comporte de forma inusual, controlándolo. Así, el parásito obliga a la hormiga a que se aleje de su nido, escale un árbol (cosa que las hormigas generalmente no hacen) y llegue a una hoja donde con un material pegajoso el hongo adhiere el cuerpo moribundo de la hormiga. Una vez inmovilizada, las esporas de hongo salen por la cabeza de la hormiga, abandonando el cadáver para buscar nuevos huéspedes. Esta escena, digna de un cuento de horror, sucede desde hace millones de años en la naturaleza; incluso se tiene un fósil que evidencia esta dramática muerte de hace 48 millones de años. ¡Qué nadie diga que el Reino Animal no ha sido suficientemente creativo!

En este contexto espeluznante, tenemos a los chupasangres que los hay de muchos tipos en el vasto mundo natural y aunque algunos son más sangrientos que otros, ninguno de ellos se espantan ni con ajos ni crucifijos. Estos animales que se alimentan de sangre se llaman hematófagos, y van desde los mosquitos, garrapatas y pulgas hasta las sanguijuelas, lampreas y murciélagos vampiros. Algunos de ellos pueden fungir como vectores y transmitir enfermedades como la malaria; otros, como las sanguijuelas, han sido aprobados para su uso durante cirugías emulando técnicas milenarias. Lo que es cierto, es que existen aproximadamente unas 30,000 especies de seres hematófagos, que diariamente asumen el riesgo de robar un poco de líquido vital de otro ser vivo y que logran hacerlo manteniendo la sangre en su estado líquido. Así los anticoagulantes naturales que utilizan, como el draculi de los murciélagos vampiros, se encuentra en estudios para ser usado en enfermedades cardiacas.

Alejándonos un poco del mundo animal encontramos que un altar de muertos o una decoración de Halloween no están completos sin sus arreglos de flor de cempaxóchitl o enormes calabazas esculpidas. Lo curioso, es que sea cual fuera la fiesta que celebres, el adorno va siempre de color anaranjado; tono de los carotenos de la época otoñal, de cuando la clorofila verde de los árboles desaparece para tornarse de color ocre. Así, tanto la flor ceremonial de Día de Muertos como la popular calabaza anaranjada, son plantas que se recolectan en esta época del año y casualmente, ambas son de origen mexicano. El cempaxóchitl, siendo flor nativa, se utiliza desde época prehispánica como medicamento, pigmento, insecticida y alimento; y por su parte, aunque actualmente se cultiva en todo el mundo, los hallazgos más antiguos de la calabaza gigante son de hace 10,000 años en el noroeste del país.

Pero hablemos de lo paranormal, ¿qué hay de ciencia tras la supuesta aparición de fantasmas? Es posible que si vas a una casa abandonada, vieja, deshabitada y descuidada comiences a creer en que sí existen los fantasmas de verdad ya que se ha encontrado que las esporas de moho (que crece en este tipo de condiciones) provocan síntomas de delirio, demencia y desórdenes de movimiento haciendo que veas y sientas cosas que realmente no existen. Incluso, hay testimonios de cómo el monóxido de carbono que se fuga de tuberías de calefacciones antiguas que no han sido mantenidas, pueden ocasionar el mismo tipo de alucinaciones. Así que, existan los fantasmas o no, lo cierto es que las condiciones de calidad del aire pueden ocasionar experiencias algo paranormales. Quizás lo mejor sea tener el ambiente limpio y ventilado. ¡Boo!

Sin embargo, luego de explorar algunos símbolos temerosos desde el punto de vista científico, hemos dejado de lado a las brujas escaldufas; esto porque hasta el momento ningún ingeniero aeronáutico ha encontrado utilidad en la propiedad no aerodinámica de las escobas voladoras. Será quizás tema para ahondar en el próximo día de brujas; por lo pronto quedarán estas intactas en nuestro imaginario.

 

¡Feliz
día
de
sustos
y
disgustos!

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