“La adversidad es como un viento fuerte. No me refiero solo a lo que nos impide ir a lugares que de otro

modo podríamos ir. También nos desgarra todo menos lo que no se puede desgarrar, de modo que después nos vemos como realmente somos, y no simplemente como nos gustaría ser”.

Arthur Golden

Dicen que el Tenis es 80 por ciento mental; es decir, además de la técnica y las habilidades del jugador, el desempeño del mismo depende en mucho de su estado mental.Independientemente de las disquisiciones que podríamos hacer acerca de lo que es mental, ubiquemos uno de los aspectos más importantes relacionado con lo mental y que es esencial en el Tenis (debido a que es un deporte de errores), un deporte que pone al jugador en una situación de constante adversidad, de crisis. Me refiero a la frustración y a su manejo en la cancha de Tenis.

En el caso del Tenis la frustración tiene que ver de manera muy clara con que el jugador no logra lo que espera de su juego, malogra un intento.

Si uno se pasea por las canchas de Tenis oirá y verá manifestaciones tanto verbales como corporales, que revelan un gran enojo por la frustración experimentada por el jugador.

Por ejemplo: el jugador gana el primer set con relativa holgura, juega con bastante consistencia y el rival bastante mal y errático. A pesar de que él hacía bastantes tiros ganadores o forzaba al rival a cometer errores, nunca se felicita ante algún tiro ganador. El segundo set, cambia el panorama y el rival juega bastante mejor, y el resultado fue adverso y pierde el set. Durante ese set, empezaron los gritos de dolor, las autocríticas e insultos hacia sí mismo o en forma neutral, ante sus errores. Nuevamente, ninguna felicitación o alegría cuando hacía algún tiro ganador que pudieran levantarle el ánimo y salir de la mala racha (al menos eso es lo que uno pensaría), solo críticas cuando perdía. El tercer set, se rompió su saque en el primer juego, dijo: “Ya perdí”. En efecto, perdió el partido: “Ya ves, yo sabía que iba a perder”.

Dichas expresiones van desde gritos de dolor, de impotencia, pasando por groserías diversas, hasta las que implican una conducta corporal, a saber: golpear con la raqueta la cancha y en algunos casos raros hasta romper la raqueta, tirarla al piso o contra la red o al mobiliario de la cancha, dar de pelotazos a diestra y siniestra. También podemos interpretar que el jugador siente una gran frustración, en algún momento que está con la cabeza baja, camina lento, se le ve triste, enojado, no juega los puntos con energía. Se le ve con indiferencia, “Me vale m…” podría decir, ¿será cierto?

¿Qué produce tales conductas? Varias pueden ser las razones, cuando el jugador comete uno o varios errores no forzados por ejemplo, cuando se ve apabullado por el rival, cuando las imperfecciones de la cancha producen botes extraños y hacen que el jugador pierda el punto. Y si los errores se van hilando, punto tras punto, perder un partido resulta cada vez más fácil y la experiencia vivida por el jugador se vuelve muy penosa.

Es muy común observar a jugadores que comienzan con uno o dos errores no forzados y a partir de ahí no pueden resolver la situación crítica y salir de ella. No considerar que en un partido de Tenis existan muchos puntos por delante, que el partido no se acaba ni se debe acabar con algunos errores.

Algunos ante tanta frustración tiran el partido muy pronto, se deprimen y prefieren salirse del partido antes de seguir sufriendo el dolor; hay otros que aguantan hasta el final vociferando todo tipo de letanías. Otros gritan y se frustran menos.

La idea es que en el Tenis, en virtud de que es un juego de errores, no forzados unos e inducidos otros, la frustración es esencial; el mayor desafío del jugador es manejarla a su favor y no en su contra, de manera que pueda –independientemente del resultado- seguir jugando, sin desmoronarse, que siga haciendo su mejor esfuerzo y que sepa que lo está haciendo.

Resulta extraño que los jugadores que se critican al cometer errores nunca o casi nunca se felicitan con la misma elocuencia y energía cuando tienen un logro, o hacen tiros ganadores. Pareciera más aceptable un insulto que una felicitación. ¡Qué raro que un jugador de Tenis prefiera ser maltratado que bien tratado!

El insulto a sí mismo frente a la frustración en el Tenis es como un castigo ante un mal comportamiento, una falla, un pecado, un delito, etcétera. Y si lo que predomina es el insulto, ¿cómo es que el jugador vuelve a la cancha una y otra vez? ¿No se trata de pasarla bien, de gozar el juego?

Si uno sigue la lógica de lo placentero-desagradable, el jugador que actúa como lo hemos descrito hasta ahora, no volvería a la cancha puesto que la pasa mal. Pero, si vuelve todos los días a jugar, quiere decir que no la pasa tan mal. Cierto, lo que pasa es que ama el Tenis, ama jugar al Tenis, a pesar del sufrimiento. Hay una pasión y una ilusión. La ilusión de que en el siguiente partido va a jugar mucho mejor, va a corregir los errores y va a ganar.

Pero, ¿quien critica-insulta a quién en la cancha? ¿Acaso han visto alguna vez que un amigo que ve a otro jugar, un padre, un entrenador, haga eso y de esa manera al jugador en cuestión? Puede ser que sí los haya, pero es muy infrecuente. De todas maneras, ¿Cómo es que el jugador en la cancha se trate a sí mismo así, con tal furia, con tal obscenidad, con tal violencia verbal y a veces física también? ¿Acaso hay algo de masoquismo? ¿Es un alivio el tratarse a sí mismo de ese modo? Hay quien dice que es para liberarse del estrés de la vida diaria, y de ese modo es una terapia. ¿Insultar? ¿Insultarse? ¿Tirar la raqueta o las pelotas?

Tres asuntos me llaman la atención, aquí mencionaré dos y el tercer punto lo terminaré en la siguiente publicación.

1) En primer lugar, resulta raro que la vida cotidiana siga igual, o sea que a pesar de que se haga todo lo anterior en la cancha no sirve para cambiar nada de aquello que produce el estrés, ni lo reduce porque al enfrentarse de nuevo a lo cotidiano se reacciona de la misma forma. Además si insultarse, autocriticarse sirviera de algo para mejorar el juego, bueno yo sería el primero en estar azotándome de manera permanente, pero seamos francos, no sirve de nada en cuanto a mejorar el juego durante un partido, ni mejora la técnica, ni la sensación del jugador, muy al contrario, empeora. O sea, ni hay cambio en la vida fuera ni dentro de la cancha. Hay pura repetición en todo esto. O hay placer en la repetición o la repetición es placentera. ¿Quién sabe?

2) En segundo lugar, me interrogo acerca de la división en que el jugador incurre: es decir, al hablarse/criticarse/insultarse/darse instrucciones en segunda persona del singular, tú, resulta muy extraño; ¿quién le habla a quién? ¿Cuándo es la misma persona la que juega y la que “se” habla: “ Vamos Juan, pégale a la pelota”, “Mira la pelota”, No sabes ganar”, “Eres un p…”, etcétera. Normalmente es para el reclamo, el insulto, la crítica… Rara vez es para una expresión de admiración, de felicitación. El jugador podría decir “me hablo a mí mismo”. ¿Quién es “me” y quién es “mí mismo”?

“¿Cómo es posible jugar mejor cuando no me digo qué hacer?

Tu mente y tu cuerpo ya saben qué hacer. Recordándote a ti mismo lo que debes hacer es como tener un copiloto desagradable en el asiento trasero que ladra instrucciones innecesarias mientras estás manejando. Solo distrae y nunca ayuda.”… “Diciéndote esas cosas es solo ruido de estática que termina obstruyendo tu rendimiento. Cuando no te dices eso, tu talento natural instintivamente brilla sin restricciones.”

En “The Inner Game of Tennis”, Gallwey –al desarrollar el tema- decide separar a dos sí mismos, 1) “el que dice” (teller) y 2) “el ejecutor” (doer). El primero da las instrucciones y el segundo realiza las acciones, y entonces el segundo evalúa la acción. La clave, según el autor, con el fin de mejorar el Tenis, reside en mejorar la relación entre el sí mismo 1) “la conciencia, el que dice” y el sí mismo 2) “inconsciente y automático ejecutor”.

Algo así como que ante el error el que habla se transforma en un padre, un entrenador, en todo caso una figura paterna, feroz, agresiva, que regaña, insulta, etcétera. El jugador tiene un ideal de jugador, una gran expectativa, sostenido en la figura descripta antes y que “pone a jugar” mientras juega al Tenis, pero solo surge, aparece una vez que el jugador comete un error, el que sea.

Mientras más grande sea el ideal y menores las habilidades del jugador, mayor será la frustración y sus manifestaciones dolorosas. El ejecutor está muy lejano de ese ideal que sostiene el 2).

1.- Gratzon, Fred. The Mentally Quiet Athlete. Soma Press, 2013 [Traducción JG]
2.- Gallwey W. Timothy, The Inner Game of Tennis, , Random House, New York, 1974.

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