
Un artículo publicado en la popular e influyente revista de arquitectura y diseño Dezeen
y que fuera replicada por el crítico arquitectónico Rowan Moore, periodista del semanario inglés The Observer en su artículo Los diez mejores proyectos de arquitectura del mundo, despertó la curiosidad de varios medios de comunicaciones, pero uno en especial llamó la atención por tratarse de la sinagoga de un país con una pequeña comunidad judía de no más de 800 personas.
Es la sinagoga de la Unión Hebraica del Paraguay, la principal sede social, deportiva y religiosa de la Comunidad Judía en el país, que en meses más estará cumpliendo su primer centenario y que aloja además de la nueva sinagoga, al colegio Estado de Israel y cuenta con un amplio campo de deportes con canchas de futbol, tenis y piscina.
Dentro de un plan de renovación de la sede social, una nueva sinagoga, el gran anhelo postergado de la comunidad, aparece como prioridad dentro del proyecto por la necesidad de dotar a la colectividad de un lugar que invite a la reflexión, a la oración y permita a la vez celebrar los ritos.
Un concurso internacional para que todos puedan aportar sus ideas fue lanzado por la Comisión Directiva de la Unión Hebraica en mayo de 2017 y la construcción del edificio comenzó en diciembre de 2018 para culminar casi seis meses después en mayo de 2019.
Cinco proyectos quedaron finalistas y un jurado compuesto por cuatro renombrados arquitectos paraguayos además del rabino Julián Vainstein, el entonces Embajador de Israel en Paraguay, Peleg Levi, dos miembros de la Comisión Directiva de la Unión Hebraica del Paraguay y un miembro de la Comisión Directiva de la Alianza Israelita, decidió que el proyecto presentado por los arquitectos paraguayos Horacio Cherniavsky y Viviana Pozzoli era el que más se adecuaba a lo que se estaba buscando.
El crítico Rowan Moore en la nota publicada por The Observer y The Guardian, habla de la importancia del presupuesto excedido o no, para calificar a las obras observadas.
En el caso de la sinagoga de Asunción, el presupuesto solo necesitó pequeños ajustes e incluso de todas las obras que se realizan dentro del predio de la Unión Hebraica, será el de menor costo, pero de igual importancia que las demás.
“Eventos nacionales e internacionales ya se han llevado a cabo en el nuevo edificio y los visitantes se sorprenden, disfrutan y se motivan por lo que encuentran, incluso el promedio de personas que llegan a la sinagoga de manera regular ha aumentado de manera considerable”.
Al ingresar al templo, el atrapante y dulce aroma de la madera que cubre todo el techo y las paredes, da la bienvenida y de alguna manera nos hace sentir un abrazo, el mismo abrazo de 6,000 kilómetros de distancia que mencionaba Moore en su artículo.
Los tragaluces insertados entre el techo de revestimiento de madera hacen innecesaria la presencia de luces artificiales por la mañana, pero una vez encendidas, el color ámbar se mezcla con el blanco brillo del techo y la luz diurna que parece tomar otros matices dentro.
Unas puertas también de madera y pintadas del mismo color que las paredes del fondo del templo, son absolutamente imperceptibles, pero sirven para darle una amplitud a todo el edificio.
El ambiente pequeño y acogedor donde se pueden contar a ochenta personas cómodamente sentadas, repentinamente puede llegar a triplicarse con la apertura de las puertas cuya función es la de separar las celebraciones.
Sencilla por fuera, de aparente poca altura y rodeada por una línea de árboles, mangos algunos, una fruta tan representativa del trópico, la sinagoga presenta un diseño conservador y simple, lo que hace más impactante a quien ingresa a su interior por primera vez, pues se debe pasar unos metros entre pared y pared hasta que repentinamente se llega al acceso donde es imposible no quedarse a disfrutar por unos segundos del ambiente que magistralmente conjugan las líneas del techo de madera y las luces del día que se filtran por las ventanas y los tragaluces.
Dice Rowan Moore en su artículo, que los críticos no pueden conocer por fotografías nada más, la manera en que la obra impacta en los vecinos. La línea de frondosos árboles, además de generar las sombras necesarias en una ciudad tan calurosa como Asunción, se encargan de quitar esa preocupación al crítico inglés.
La sinagoga representa el deseo de mirar al presente y al futuro, y por supuesto, sin olvidar nunca el pasado, representado aquí por algunos ladrillos de la anterior sinagoga de casi 70 años y el Aron ha-Kodesh del templo anterior que acompañan ahora a este ícono de la Comunidad Judía del Paraguay en la ciudad de Asunción y que ha sido nominado por expertos de la arquitectura como uno de los diez mejores proyectos del planeta.
Fuente: aurora-israel
