
El 28 de agosto en la mañana, antes de salir a trabajar me senté a tomar un café y puse la TV en las noticias de BBC.
Escuché un anuncio que me emocionó muchísimo… La Comunidad Judía está por inaugurar los Juegos Macabeos Europeos, ni más ni menos que en Berlín.
En agosto de 1936, el régimen nazi intentó camuflar sus violentas políticas racistas mientras auspiciaba las Olimpiadas de Verano. Se retiraron temporalmente la mayoría de los letreros antisemitas y los periódicos moderaron su dura retórica. De esta manera, el régimen aprovechó los Juegos Olímpicos para presentar a los espectadores y periodistas extranjeros una falsa imagen de una Alemania pacífica y tolerante.
En ese Estadio Olímpico de Berlín en 1936, se celebraron unos Juegos Olímpicos donde intentaron prohibir competir, sin lograrlo del todo, a todo participante judío y no ario. Sin embargo, una de las imágenes inolvidables del certamen es cuando el atleta afroamericano Jesse Owens impone el récord mundial en los 100 metros planos y Hitler abandona el estadio para no saludarlo.
Recordamos como varios atletas judíos alemanes de talla mundial, que fueron excluidos del equipo alemán, entre ellos a Erich Seelig en Boxeo, Daniel Prenn en Tenis, Gretel Bergmann en Salto alto, Julius Hirsch en Soccer, así como el gitano Johann “Rukelie” Trollman en Box. Solamente permitieron participar a Helen Mayer en Esgrima, que obtuvo una medalla de plata y fue obligada a presentar el saludo nazi en el podio.
No obstante otros atletas judíos de varios países obtuvieron medallas.
Destaca la historia de Sam Stroller y Marty Glickman, corredores judíos estadounidenses que estaban inscritos por Estados Unidos en la carrera de Relevos 4×100. El día anterior a la carrera, fueron cambiados por Jesse Owens y Ralph Metcalf (afroamericanos), esto por presiones alemanas al Comité Olímpico para evitar el podio a atletas judíos.
No obstante, hubo trece atletas judíos de Hungría, Austria, Bélgica y Polonia que ganaron medallas en la justa olímpica de 1936.
La celebración de los Juegos Macabeos Europeos en Berlín simboliza mucho, pero mucho más que un reencuentro del pueblo judío en el estadio que enarboló valores que el mundo de hoy repudia. Son más de 2,000 atletas de 49 países que compiten en diversos deportes que se reúnen en el Maifeld, la explanada adjunta al estadio en la que el Führer contemplaba sus concentraciones del 1 de mayo con 250,000 fieles hace 80 años. En ella ahora se dibuja un símbolo bien distinto, la estrella de David.
Por un lado, reivindica a los atletas judíos que por motivos políticos, mas no por su espíritu físico y moral, fueron excluidos de las Olimpiadas de 1936. Simboliza una contestación a gritos de que aquí estamos, celebrando y gozando la unidad, la reconstrucción y el espíritu inquebrantable del pueblo judío ante la mayor adversidad vivida en el siglo XX.
Rescata el honor de nuestros hermanos y trae a la memoria la farsa que organizaron los nazis en el campo de concentración de Theresienstadt, donde brindaron conciertos de música y partidos de Fútbol a la Cruz Roja y la comunidad internacional, filmando una película que hablaba de las condiciones humanitarias en las que tenían a los detenidos y posteriormente, fueron enviados al cadalso.
Es también un homenaje a la memoria de los atletas israelíes que fueron masacrados en Múnich 72, los cuales fueron víctimas del odio y de la intolerancia, en un cobarde atentado que paralizó al mundo. Nuestros jóvenes judíos están participando por todos ellos en estos juegos y siento con gran emoción el vibrar de sus corazones en una competencia entre hermanos, demostrando al mundo que el pueblo judío, al igual que el Ave fénix es capaz de renacer de sus propias cenizas, manteniendo su cabeza en alto y dando lo mejor de sí.
Es maravilloso ver ahora que Maccabi World Union, de la cual el CDI es parte, promueve y realiza estos juegos, que representan y alientan a nuestros hermanos de todo el mundo a reunirnos y celebrar la vida, enviando un mensaje de tolerancia, apertura y hermandad a la comunidad internacional.
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