
Pésaj, denominada también como la fiesta de nuestra liberación. Fue en esta fecha, el 15 de nisán, hace 3324 años que el pueblo judío fue liberado de la esclavitud egipcia a la que estuvo sometido durante 210 años. Celebramos dicho acontecimiento comiendo matzá, o pan ácimo, en lugar de pan durante los ocho días de la festividad. Las primeras dos noches de Pésaj nos reunimos en familia para comer matzá, tomar cuatro copas de vino, hierbas amargas y narrar la historia de Pésaj.
Como todas las festividades, también – o en especial – Pésaj es celebrado no solo para recordar el pasado, sino para revivirlo y lograr algo a nivel personal.
La razón que la Torá da por la que comemos matzá es: “porque con prisa saliste de Egipto [y no tenían tiempo como para que su masa se leude…] (Deut., 16:3). Encontramos, no obstante, que matzá no es simplemente una consecuencia circunstancial de su salida apurada de Egipto, sino que ya antes de salir fueron encomendados a comer matzá (Exodo, 12:8). O sea, matzá es una llave que abre la puerta de la liberación, tanto nacional como personal y no solo un símbolo circunstancial de ella.
Veamos cómo funciona.
La alimentación básica del hombre es el pan, producto de la mezcla de harina con agua. Hay dos variantes en el pan: 1) leudado; 2) no leudado. La masa leudada es una masa que llega a expandirse, mientras que la masa no leudada es una masa que no llega a expandirse. En la práctica, en la elaboración de la matzá se toman las precauciones para controlar que no pasen más de 18 minutos desde el momento que el agua y la harina se junten hasta que salga del horno, pronto, asegurándose así que no haya habido posibilidad de fermentación.
Las dos masas representan dos actitudes frente a la libertad. La masa expandida representa la actitud de la autoexpansión como llave a la libertad. “Cuanto más tenga, tanto más libre seré.” La matzá representa una actitud muy diferente: “cuanto menos necesite, tanto más libre seré”. La filosofía ‘pan’ apunta a la realización de los deseos, mientras que la filosofía ‘matzá’ apunta a la realización de objetivos de vida que van más allá de la satisfacción personal, aunque la satisfacción personal será una grata consecuencia.
El que sigue la filosofía ‘pan’ se encuentra siempre limitado por sus propias limitaciones. El que tiene 100 quiere 200 y el que tiene 200 quiere 400, dicen nuestros sabios (Kohélet Rabá, 1:13). En cambio el que suscribe a la filosofía ‘matzá’, no se ve limitado porque hace lo que debe, independientemente de lo que entiende, siente y quiere en el momento.
Otra diferencia entre el pan y la matzá es que el pan se pone mal con el tiempo, mientras que la matzá se mantiene comestible durante meses o hasta años. El que vive en torno a sus objetivos personales, puede llegar a perder el interés en ellos, en cambio el que vive en torno a lo que es correcto, no se arrepentirá tan fácilmente.
