
Cuando me pidieron escribir un artículo sobre el cigarro electrónico, me tomó mucho más tiempo
de lo que planee; tengo que admitir que no sé lo suficiente sobre este nuevo producto. Y la verdad es que, después de hacer una búsqueda exhaustiva tanto en la prensa como en la literatura científica, puedo asegurarles que no soy solo yo; hay mucho que todavía no sabemos sobre las consecuencias de esta nueva moda. El problema es que las adicciones son el mejor modelo de negocio del mundo y los productores de cigarros electrónicos han inundado el mercado con estos pequeños dispositivos -discretos, atractivos, fáciles de usar y personalizar- más rápido de lo que los investigadores pueden conducir experimentos y los políticos escribir leyes para regularlos.
Hace alrededor de diez años, los cigarros electrónicos entraron desde China al mercado norteamericano. Hoy, son una industria multimillonaria. Juul, la marca de cigarros electrónicos más importante está valuada en $38 billones de dólares.
¿Qué son, para qué y para quiénes fueron creados? ¿Realmente ayudan a los fumadores a dejar de fumar, o por lo menos reducen los daños a la salud de los cigarros tradicionales? ¿O son una nueva puerta hacia el camino de la adicción para los jóvenes y no fumadores?
Empecemos con lo que sí sabemos.
Es importante pensar este tema en el contexto de la pandemia mundial del tabaquismo. No podemos olvidar que el uso de tabaco y su dependencia, son la principal causa de muerte prevenible en el mundo. Sabemos que un producto tan pequeño como un cigarro mata a seis millones de personas cada año y la Organización Mundial de la Salud proyecta que tendremos un billón de muertes provocadas por el tabaco en este siglo, a menos de que hagamos cambios importantes. Hoy, el responsable de alrededor del 98 por ciento de las muertes provocadas por el tabaco, es el cigarro tradicional, o técnicamente los ‘productos combustibles de tabaco’. La buena noticia es que ya sabemos suficiente sobre estos productos y desde hace décadas hemos creado programas globales que han sido muy efectivos para controlar y reducir su uso. Sin embargo, la industria de los cigarros electrónicos ha venido a cambiar las tendencias, con una cara mucho más atractiva, consolidando una industria que goza del privilegio de no estar regulada.
Los cigarros electrónicos vienen en muchas formas y tamaños. La mayoría tiene una batería (recargable o desechable), un elemento que produce calor y un espacio que contiene un líquido. Estos dispositivos producen un aerosol al calentar el líquido, que casi siempre contiene distintos niveles de nicotina (la droga que hace el tabaco adictivo), saborizantes y otras sustancias químicas que ayudan a producir el aerosol que se inhala por la boca. Es importante recalcar que estos dispositivos también pueden usarse para fumar otras sustancias como marihuana. Algunos tienen forma de cigarros tradicionales, pero otros parecen plumas, memorias USB u otros artículos de uso cotidiano.
Otra cosa que sí sabemos es que los cigarros electrónicos tienen menores niveles de toxinas que un cigarro tradicional. La esperanza es que el uso de cigarros electrónicos ayude a las personas adictas a la nicotina a dejar el cigarro tradicional, ofreciéndoles una opción que les ayude a reducir los daños para su salud. Actualmente se están realizando estudios para saber si en realidad son efectivos para este propósito y si en realidad ayudan o no a dejar de fumar.
Sin embargo, estudios recientes nos dicen una cosa muy importante sobre la realidad de este producto; está atrayendo a jóvenes (y adultos) que, de otra manera, no fumarían cigarros tradicionales. Hace unos meses, el Monitoring the Future Survey, en Estados Unidos – una encuesta que ha registrado el uso de sustancias entre los jóvenes por más de cuarenta años – reportó que el uso de tabaco mostró el pico más alto registrado en la historia de la encuesta, debido a la aparición de estos dispositivos. Este es el problema que más alerta a los expertos, pues antes de que apareciera esta nueva moda, llevábamos un largo y exitoso camino recorrido hacia la reducción del uso de tabaco entre los jóvenes, que son el grupo más vulnerable; 90 por ciento de los adultos que fuman, empezaron cuando eran niños o adolescentes. En documentos antiguos que se han descubierto sobre el boom de la industria del tabaco, se muestra cómo identificaron a los jóvenes como el target que reemplazaría a los fumadores que dejaran el tabaco o murieran, pues sus cerebros son más vulnerables a engancharse con cualquier sustancia adictiva.
La razón por la que los cigarros electrónicos son tan populares entre los jóvenes es que son el producto perfecto para ellos. En primer lugar, son un pedazo de tecnología, lo cual los hace atractivos, fáciles de manejar y cool. Si hacen una búsqueda en Google se darán cuenta de que la publicidad que las empresas han utilizado para promocionar los cigarros electrónicos, está dirigida al mercado juvenil y no al de los adultos de 40 o 50 años que quieren dejar de fumar[1]. Aunque Juul reporta haber eliminado estas campañas de sus cuentas de Facebook e Instagram, las imágenes siguen vivas en los canales de redes que los jóvenes comparten entre sí.
Otro de los principales problemas es que hay cientos de sabores de líquidos de dónde escoger, algunos de ellos muy exóticos y atractivos y la gran mayoría de los usuarios reportan que este es el factor que los invita a probarlos. La verdadera pregunta es: ¿por qué una persona que es adicta al tabaco y quiere dejar de fumar (o buscar una opción menos dañina), necesita opciones de sabores como creme brulee, pepino o manzana verde?
En 2015, el gobierno de Estados Unidos reportó que el 40 por ciento de los adultos jóvenes que usan cigarros electrónicos no eran fumadores antes de probar el cigarro electrónico. Asimismo, muchos de los usuarios terminan fumando cigarros tradicionales, pues aunque sean ‘menos dañinos’ siguen siendo adictivos. Casi el 100 por ciento de los cigarros electrónicos tienen nicotina, pero un estudio publicado hace un año, encontró que 60 por ciento de los jóvenes no lo saben, y no creen que exista ningún riesgo o que generen adicción, pues no queman la garganta ni apestan como los cigarros tradicionales: “es solo mango”. Son fáciles de cargar y esconder en la escuela.
También sabemos que los cigarros electrónicos son menos dañinos para la salud de la persona que fuma cigarros tradicionales. Sin embargo, no están libres de toxinas. Un estudio reciente de la escuela de Salud Pública de Harvard, encontró que algunas marcas de cigarros electrónicos están contaminados con toxinas ligadas al asma y otros problemas pulmonares. Investigadores de la escuela de Salud Pública de la universidad de John Hopkins encontró metales en los líquidos de los cigarros electrónicos que pueden provocar diferentes enfermedades, incluyendo distintos tipos de cáncer. Stanton Glantz, profesor de medicina en el Centro de Control, Investigación y Educación sobre el Tabaco de la Universidad de California, en San Francisco, dijo en una entrevista que es importante comprender que los cigarros electrónicos “tienen un perfil toxicológico completamente distinto” que los cigarros”. Entonces, el perfil de riesgo será distinto”, comentó Glantz. “La suposición ha sido que al menos los cigarros electrónicos no son peores. Pero esto sugiere que tienen algo que no está ni siquiera en los cigarros estándares y por lo que debemos preocuparnos”.
Entonces, el verdadero dilema, especialmente con el aumento del consumo entre los jóvenes, es que hemos pasado de la normalización del tabaco a la des-normalización y ahora estamos re-normalizando su uso de nuevo. Algunos estudiosos de la industria del tabaco dirían que esto es un déjàvu. Si intentamos hacer todo lo posible para investigar cómo este producto podría ayudar a los fumadores adultos, cuáles pueden ser sus riesgos y efectos a largo plazo, debemos buscar una forma de mantenerlos alejados de los niños y los no fumadores. A pesar de ser una tecnología disruptiva, podemos utilizarla de una manera que beneficie al público, a la salud pública, particularmente a los fumadores adultos, al proporcionar una alternativa relativamente más segura al fumar.
Los expertos[2] han pedido al gobierno de Estados Unidos prohibir la venta de productos de nicotina con sabor para usar en cigarros electrónicos. El problema de salud pública que los cigarros electrónicos pueden ayudar a resolver, al ayudar a las personas que consumen productos de tabaco combustibles a dejar de fumar y comenzar a “vapear”, se resuelve adecuadamente con líquidos que no tienen sabor para atraer a los adolescentes. Pues el verdadero problema es la forma en que se comercializan hacia los jóvenes para hacerlos socialmente aceptables y atractivos y la forma en que estos están diseñados para promover la adicción.
¿Y entonces qué puedo hacer? Para empezar, puedes hablarles a tus hijos o a otras personas jóvenes que conozcas sobre los peligros de los cigarros electrónicos. Cuéntales sobre el daño que la nicotina, en cualquiera de sus formas, les puede hacer a sus cerebros que se están desarrollando. Aunque tú hayas o continúes consumiendo tabaco, ellos lo van a escuchar si les hablas sobre tu lucha contra la adicción a la nicotina. Restringe el uso de cigarros electrónicos cerca de las personas jóvenes y no permitas que nadie los use cerca de las personas jóvenes.
Si quieres saber más sobre este tema o los artículos referenciados, así como buscar ayuda profesional para tratamiento, ponte en contacto con nosotros.
Referencia: theforum.sph.harvard.edu
www.forbes.com
www.nejm.org
