
Apartir de la creación de la luz, el Creador dio forma al universo y descansó el séptimo día de su labor y
Apartir de la creación de la luz, el Creador dio forma al universo y descansó el séptimo día de su labor y, tan necesaria fue la luz, y tal vez no suficiente, incluso en una noche estrellada, que el hombre se las ingenió y creó candelas, luminarias, farolas, velas, candiles, faros, focos, fanales, candelarias… Y entre los judíos se iluminaron los templos con aceite y un pabilo, con candelabros de siete abrazos – la menorá – y de ocho, para la menorá adaptada, cuando se transforma en janukiá, ocho brazos y un shamash, a partir de la victoria de los macabeos sobre los griegos seleúcidas. En otras palabras, la victoria fue festinada con luz: una luz para cada día de los ocho – a cargo del shamash – cuando se reinaguró el Templo de Jerusalem expulsando a las estatuas con pretensión de dioses, que lo mismo se craqueaban o se convertían en polvo…
La luz volvió a alumbrar la Casa de D-os, gracias al desempeño del shamash – una especie de sol, tomando en cuenta que la palabra shamash comparte raíz con la palabra shemesh, igual a la luminaria que D-os creó para iluminar el día. Es como si el shamash tuviera el albedrío de crear la luz al servicio del Templo.
En todas las lenguas del hombre – a partir de la Torre de Babel – de cuando se crearon las lenguas de acuerdo a la tesis bíblica, la palabra or, la palabra luz ha adoptado diversos ropajes. Luz es Lumen, es Light, es Licht es… una infinidad de variantes al servicio de quienes persiguen la luz en detrimento de la oscuridad, de las tinieblas prístinas. Para algunos la palabra luz se ha convertido en sinónimo de bien y su ausencia, de mal. La mujer que alumbra da a luz, de ahí que “dar a luz” sea equivalente a alumbramiento. La acción de llenar un espacio con color se llama iluminar. Y hay quien ilumina su rostro con una sonrisa.
En la lengua hebrea existe una gran variedad de nombres que hacen referencia a la luz, como meir, el que da luz. Como Lior o Liora que significa: mía es su luz. Orli es la luz está conmigo. Yair es quien me habrá de alumbrar.
En hebreo Ori y Uri son vecinos de la luz. El arcángel de la luz es Uriel, quien se encuentra frente a mí, cuando rezo antes de cegar el día para abandonarnos al sueño. Variantes son Or, Orit.
El Dr. Enrique Chelminsky, en Nombres y apellidos judíos luminosos, nos regala ejemplos varios, que traemos a colación: Yair y Meir en su opinión son equivalentes; Meir es el sabio de la época talmúdica; de Uriel viene el apellido Uris, como Leon Uris, autor de Exodus, novela clásica. Del nombre Meyer, “derivan los apellidos judíos como Meyerson, Meyerowitz, Meyerstein”. El músico Meyerbeer se apellidaba originalmente Beer pero agregó el apellido Meyer cuando heredó la fortuna de un acomodado pariente con ese nombre”.
En la misma fuente encontramos que “el nombre de Louis fue adoptado por judíos franceses que se llamaban Meir, para recrear el hecho de que Luis XIV era conocido como el rey Sol. Chelminsky con gran acierto – producto de su vasta investigación-rescata de la lengua aramea la palabra shraga, igual a luz, lámpara, lucero – que muchos judíos ostentan – y del griego a phoebus o sea radiante, del cual provienen Faivl, Feibush y el apellido Feiwlson. Por último, el Dr. Chelminsky comenta que de uri, phoebus y shraga proviene el apellido Lombroso o Lumbroso, apellido del antropólogo y criminólogo judeoitaliano Césare Lombroso. Asimismo, hallamos a Luis de Carvajal, muerto en nombre de D-os a manos de la Inquisición, quien en su poesía de tintes místicos firmaba con el nombre de José Lumbroso, el iluminado. Según nuestra fuente la raíz hebrea H L L, que tiene dos acepciones brillar y alabar, de ahí el nombre de Hillel, como el famoso rabino de la era talmúdica. De Hillel – nos advierte Chelminsky, provienen los apellidos Hiller, Hillerman y Hillman.
Para concluir, sacamos a colación la palabra hebrea shajar, sinónimo de luz, de ahí la oración de shajarit al llegar el alba y con ella la luz.
P.D.: no olvidemos que – de acuerdo a un cántico sefaradí – Abraham Avinu era “Luz de Israel”; que la primera estrella que aparece en el firmamento lleva el nombre de Ayelet ha Shajar… Y no olvidemos – diría algún poeta – que “las luciérnagas son estrellas en la oscuridad” y que, de viajar a Israel, se puede visitar el kibutz Or ha Ner, Luz de Candela, fundado por latinos, entre ellos, algunos provenientes de México. Y, de viajar a Suiza, se puede visitar la ciudad de Lucerna. Y, de quedarse en México, el Museo de la Luz, ubicado en el centro de la Ciudad, nos espera. Y para quien ha escuchado hablar de los museos, de las musas y de las luciérnagas, he aquí un neologismo que incluye a dichas palabras: musiérnaga en singular, y musiérnagas en plural. ¿Acaso se han topado con alguna?
¡Y para los apegados a la luz de una de las más felices fiestas del calendario hebreo, no se olviden encender la janukiá – origen de luz – con el shamash que está para servirnos!
//Becky Rubinstein F.
Fuente: Dr. Enrique Chelminsky, Nombres y apellidos judíos luminosos, en Estudios Judaicos, revista sobre el judaísmo, los judíos, Israel y el Sionismo.
