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8 de marzo, Día Internacional de la Mujer
El 8 de marzo es una fecha que nos recuerda la lucha histórica de muchas mujeres por conquistar derechos fundamentales: el acceso a la educación, el derecho al voto, la posibilidad de trabajar en condiciones dignas y de participar activamente en la vida pública y política.
Más que una conmemoración, este día nos invita a reflexionar sobre las desigualdades que aún persisten en nuestra sociedad y sobre la importancia de seguir construyendo espacios de respeto, equidad y reconocimiento.
Por ello, el CDI se suma a esta reflexión y conmemora esta fecha, procurando que no pase desapercibida y que se convierta en una oportunidad para visibilizar la voz, la creatividad y la fuerza de las mujeres.
En el marco del Día Internacional de la Mujer se inauguró el domingo 8 de marzo la exposición colectiva “Voces en Cartón”, una muestra que reúne el trabajo de 12 artistas que aceptaron el reto de intervenir una misma figura femenina de cartón y transformarla en una obra de arte.
La ceremonia fue conducida por la Lic. Yanit Shannon, Directora del Comité de Actividades, quien fungió como maestra de ceremonias del evento y dio paso a los distintos momentos de la inauguración.
La apertura previa del evento estuvo a cargo de la chelista Valentina Montelongo, que interpretó bellas melodías mostrando lo magistral de su gran talento.
Durante la inauguración, la escritora y jurado del Certamen Literario, Dra. Jenny Levine compartió unas palabras con motivo del Día Internacional de la Mujer.
Hoy no es un día cómodo.
No es un día solamente para felicitar ni para celebrar logros.
El Día Internacional de la Mujer es, ante todo, una pausa.
Una pausa que nos obliga a pensar.
Y pensar no es algo ligero. Pensar es demorarse sobre lo más próximo. Es detener el ritmo cotidiano para mirar aquello que quizá preferimos no mirar. Pensar en la mujer hoy implica preguntarnos qué significa ser mujer en México. Aquí, ahora.
En nuestro país, millones de mujeres han vivido algún tipo de violencia. No hablamos de casos aislados. Hablamos de una realidad estructural que atraviesa espacios públicos y privados, hogares, escuelas, instituciones. Hablamos también del feminicidio e impunidad, palabras que nombran la forma más extrema de esa violencia y de la forma en la que se tramita en nuestro país.
¿Cuántas mujeres que han sido violentadas están sentadas hoy aquí? ¿Cuántas de ellas han vivido violencia y no lo han dicho?
A veces es más sencillo creer que esa violencia ocurre lejos de nosotros. Que pertenece a otros contextos, a otras realidades. Pero la violencia contra la mujer no distingue nivel educativo, posición económica ni pertenencia religiosa.
La violencia no comienza solamente con un golpe. Comienza mucho antes.
Empieza en la manera en que miramos al otro.
Si reducimos a una persona a la función que cumple —madre, esposa, hija, proveedora de estabilidad emocional— corremos el riesgo de dejar de verla como persona plena. Cuando el valor de una mujer se mide por el papel que desempeña y no por su singularidad, algo de su dignidad queda condicionado.
Y la violencia puede empezar ahí: en la cosificación, en el silencio, en la minimización, en el “no exageres”, en el “eso siempre ha sido así”, o en el “no te creo.
No siempre se trata de actos visibles. A veces se trata de dinámicas que se repiten sin cuestionarse. De expectativas que pesan más sobre unas que sobre otros. De historias que no se cuentan porque incomodan.
Esta comunidad ha cambiado. Eso es innegable. Las mujeres hoy ocupan espacios que antes les estaban cerrados. Participan, estudian, lideran, sostienen no solo hogares sino proyectos, instituciones, pensamientos.
Pero el cambio no es un punto de llegada, es un proceso.
Y mientras en el país sigan asesinando mujeres por el hecho de ser mujeres, ninguna comunidad puede considerarse completamente ajena a esta realidad.
Este día no es solo para conmemorar avances, sino para preguntarnos con honestidad: ¿Qué prácticas necesitamos revisar? ¿Qué conversaciones seguimos evitando? ¿Qué tipo de educación estamos transmitiendo a nuestras hijas e hijos sobre el valor y el lugar de la mujer? Y ¿qué tanto estamos dispuestos a cambiar?
La lucha por la dignidad de la mujer no es un asunto exclusivo de las mujeres. Es una cuestión ética que nos involucra a todos porque la manera en que una sociedad trata a sus mujeres revela la profundidad de su compromiso con la justicia.
Pensar el 8 de marzo hoy, aquí, desde la Comunidad Judía de México, implica reconocer que ninguna vida es imprescindible.
Y que nos toca a nosotros abrir el espacio para nuevas formas de convivencia, pensar lo que significa ser mujer judía y mexicana en un país violento. Nos toca a nosotros abrir el diálogo con nuestros hijos e hijas para pensar en la posibilidad de seguir cambiando, para que el camino de la igualdad y la vida de las mujeres no siga en riesgo.
Posteriormente, Silvia Faingerch, en representación de las artistas participantes, compartió una reflexión sobre su proceso creativo.
Tengo que reconocer que el día que me entregaron la muñeca no sabía qué hacer con ella, pasé días observándola y tratando de que alguna idea surgiera en mi cabeza. ¿Cómo transformar una simple figura de cartón en algo significativo? ¿A qué mujer dar vida? ¿A la que se levanta poderosa o a la que acarrea heridas?, ¿a la profesional o al ama de casa? Quería encontrar un hilo en común. Tarea difícil. Cuando estuve a punto de rendirme, entendí que debía preguntarme ¿quién soy como mujer? Comencé con los pies, sabía que necesitaba raíces, raíces que hablaran de firmeza, de la tierra que sostiene, del linaje de mujeres valientes que caminaron antes que yo. Mujeres sencillas, como mi abuela y mi madre que, con pequeñas rebeldías, rompieron moldes y desafiando lo esperado abrieron una puerta que yo pude atravesar, soy la primera generación de mujeres de mi familia que llegó a la universidad, crecí escuchando que el estudio era la mejor herencia que podía recibir, cada generación deja una huella, aporta una luz y así lo harán nuestras hijas y nietas, con esta muñeca quise contar la historia de una mujer que cae, pero sabe levantarse, que se rompe, pero se reconstruye, una mujer hecha de dolores y amores de triunfos y tropiezos, mujer valerosa quien encontrará. Se dice en el rezo de Shabat: Mujeres inmensas, fuertes, creativas, y decididas capaces de hacer lo que se propongan. Mujeres que con gestos pequeños o gigantes cambian el mundo todos los días, hoy es un día para recordar a quienes caminaron antes abriendo sendas donde no las había y también para mirar a aquellas que hoy viven atrapadas en la desigualdad, la violencia y el silencio, reflexionemos sobre todos los logros ya alcanzados y sobre todos lo que falta conseguir.
Se dio paso al corte de listón, convocando a las artistas responsables de estas piezas exhibidas, obras de Angélica Argüelles, Áurea Ávalos, Citlalin Arciniegas, Daniela Mansur, Grace Nehmad, Judy Masri, Linda Cattan, Megara Valentino, Melba Vidal, Otilia Carrillo, Silvia Faingerch y Silvia Zonana.
Los invitamos cordialmente a recorrer la exposición en el Lobby del Salón Social y descubrir cómo cada artista transformó el cartón en una forma de expresión única, y también a participar como parte de la experiencia en el mural interactivo instalado en Plaza Macabi, completando la frase: “Soy una mujer que elige…”, así como conocer los tableros dedicados a mujeres destacadas, ubicados en el Área de comida rápida y en el lobby del edificio del Estadio David y Vicky Daniel e Hijos.
// Angie Ríos y Lucero Mora






