y si si

¿Y si sí?

Cuatro palabras que se convirtieron en bandera. Las vimos en camisetas, en las mantas de la afición, en los ojos de los niños pegados a la pantalla. Esa afición que no solo ve el futbol, sino que lo respira. Que no solo apoya al equipo, sino que también se vuelve parte de él. Pero mientras todos coreábamos esa pregunta, yo empecé a escucharla de otra manera.

¿Y si sí?

Es una frase poderosa. Nos permite imaginar que aquello que parece imposible, quizá sí pueda suceder. Nos recuerda que siempre existe un espacio para la sorpresa, para la ilusión, para creer cuando la lógica dice otra cosa.

Pero es una pregunta. Y las preguntas, por naturaleza, dejan abierta la posibilidad de que la respuesta dependa de algo más: de la suerte, de un rebote, de una buena tarde o de un pequeño milagro. En el deporte —como en la vida— nadie puede controlar el resultado. Ni el mejor equipo del mundo puede hacerlo. Tal vez por eso la afición necesita creer. Porque cuando ya no puedes influir en lo que sucede en la cancha, la esperanza es la única forma de seguir jugando desde la tribuna.

Vimos a una selección que volvió a ilusionar. Que compitió hasta el final.

Que hizo que millones de mexicanos volviéramos a reunirnos frente a una pantalla para creer que era posible.

Tal vez todos necesitamos empezar con un ¿y si sí? La esperanza siempre es el primer paso.

Pero hay momentos en los que dejamos la tribuna y entramos a nuestra propia cancha. Ahí toca trabajar, insistir, prepararse, volver a empezar. Porque los sueños no viven solo de los signos de interrogación.

Viven de todo lo que hacemos entre una pregunta y la siguiente.

El Mundial terminó. Ahora empieza el partido que cada uno tiene que jugar.

// Alicia Cabasso