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La inmediatez de estar bien
En estos tiempos que estamos viviendo hay una pregunta que me hago todo el tiempo: ¿qué perdemos cuando queremos curarnos demasiado rápido?
Me lo pregunto mientras veo, en todas partes, vidas perfectas. Las redes sociales parecen haberse salido de la pantalla para instalarse en nuestra vida cotidiana. Todo se muestra, todo se optimiza, todo puede convertirse en contenido. Incluso una habilidad puede ser magnificada por la automatización hasta hacer difícil distinguir entre el talento de una persona y la herramienta que utiliza.
Y pienso también en la forma en que hemos empezado a buscar ayuda. Hubo un tiempo en que podías sentarte frente a una psicóloga, una nutrióloga o cualquier otro profesional y ser, antes que nada, una persona con una historia particular. Había tiempo para escuchar, preguntar, entender y construir una respuesta que tuviera que ver contigo. Hoy, cada vez más, pareciera que lo importante es automatizar las citas, atender a más personas, producir más y convertir el conocimiento en un sistema que pueda repetirse infinitamente.
No necesariamente porque los profesionales se hayan vuelto menos humanos, sino porque vivimos en un mundo que premia la velocidad, la productividad y la posibilidad de escalarlo todo.
Y aquí es donde me pregunto qué lugar queda para el aparato psíquico.
La psicología ha encontrado caminos maravillosos para ayudarnos a sentirnos mejor. Pero quizá también hemos empezado a confundir sentirnos mejor con estar mejor. Queremos respuestas rápidas para problemas que muchas veces tardaron años en construirse.
El psicoanálisis propone algo mucho menos cómodo: mirar hacia atrás. Preguntarse de dónde viene aquello que repetimos, por qué elegimos determinadas relaciones, qué deseos escondemos, qué conflictos seguimos actuando sin darnos cuenta. No promete necesariamente alivio inmediato. A veces, incluso, primero nos incomoda más.
Y entonces parece casi una técnica de otro tiempo.
¿Cómo sostener una terapia que puede tomar años en un mundo acostumbrado a obtener resultados en minutos? ¿Qué hacemos con todo aquello de nosotros que no puede resolverse con una fórmula, un algoritmo o cinco pasos para sentirnos mejor? Quizá el problema no sea la tecnología. Quizá sea que estamos empezando a aplicar su lógica a todo.
Queremos trabajar más rápido, comer mejor, vernos mejor, relacionarnos mejor, dormir mejor y, ahora también, curarnos mejor y más rápido. Pero el aparato psíquico no funciona con la velocidad de una aplicación. No se actualiza con un clic. No siempre responde cuando queremos y, mucho menos, como queremos.
Hay cosas que necesitan tiempo para ser entendidas. Algunas incluso necesitan que dejemos de intentar escapar de ellas para poder escucharlas.
Tal vez por eso sigo pensando que el trabajo interior no puede reducirse a sentirnos bien lo antes posible.
Porque quizá curarnos no sea borrar rápidamente aquello que nos duele, sino atrevernos a descubrir por qué está ahí.
Y para eso, todavía necesitamos tiempo.
// Alicia Cabasso







