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Adolescencia
Adolescencia
En otros artículos nos hemos centrado en hablar sobre la “infancia” y no es que esté mal, pero la infancia suele interesarnos más… Y no únicamente a nosotros, sino a varios autores que también han dedicado su vida entera a estudiarla, porque se piensa que en ella se dictamina el desarrollo y funcionamiento posterior del ser humano, lo cual es muy cierto. Pero, a la vez, la adolescencia es un periodo de muchos cambios que abren paso al aprendizaje, a seguirnos deconstruyendo y, al mismo tiempo, a transformarnos.
Es verdad que, de niños, el cerebro humano es más moldeable; pero eso no quiere decir que durante la adolescencia no ocurran modificaciones. De hecho, la creación de nuevas neuronas y conexiones no se detiene en la niñez.
La adolescencia es una etapa de la que también es importante hablar. La palabra “adolescencia” suele relacionarse con el término “adolecer” (carecer) porque se vive como una etapa sumamente cambiante y, por ende, de muchas “pérdidas”, tanto a nivel físico como social.
Me gustaría hacer una aproximación para entenderla…
Hay tres duelos por los que todo adolescente transita
(Aberastury y Knobel):
• Duelo por el cuerpo
• Duelo por el rol y la identidad
• Duelo por los padres de la infancia
Conforme vamos creciendo, el mundo externo va tomando mayor importancia. Por regla general, papá y mamá, o alguno de ellos, son quienes nos guían para distinguir entre lo que está bien y lo que está mal. Sin embargo, a medida que nos vamos desenvolviendo en el mundo, buscamos poner a prueba los límites establecidos por los demás para formar nuestro propio criterio. Por ello, muchos adolescentes pueden mostrarse desafiantes. Durante esta etapa, también comenzamos a dejar de idealizar a los padres. Nos damos cuenta de que mamá y papá son imperfectos y que podemos pensar diferente a ellos.
Al mismo tiempo, el cuerpo que solíamos tener ya no es el mismo, por lo que, como adolescentes, puede resultar difícil adaptarnos a él. Podemos sentirnos torpes, incómodos o como si estuviéramos descubriéndolo nuevamente.
En esa misma línea, el adolescente puede ser “descuidado”, por lo que es vital enseñarle a cuidar y respetar su cuerpo. La información debe ser transmitida sin que parezca un sermón, simplemente hay que darle las herramientas necesarias y confiar en su criterio para que aprenda a tomar decisiones, haciéndolo responsable de ellas. Además de lo físico, también puede aparecer una sensación de extrañeza frente a nosotros mismos. Aquello que disfrutábamos de niños ya no necesariamente nos interesa, nuestros gustos cambian y comenzamos a preguntarnos quiénes somos y qué lugar ocupamos en el mundo o, incluso, en nuestra propia familia.
En medio de todos estos cambios, los amigos comienzan a ocupar un lugar cada vez más importante. Buscamos sentirnos parte de un grupo y encontrar personas con quienes identificarnos. Por eso, cualquier “rechazo” puede sentirse con mayor intensidad, ya que el adolescente también está tratando de aceptarse a sí mismo.
Ahora, una pregunta que muchos nos hacemos es: ¿cómo podemos acompañar al adolescente? La respuesta es compleja, ya que los adolescentes suelen aislarse.
Muchas veces, el contacto con el otro parece no interesarles en lo absoluto, pero el problema está en dejarlos transitar esta etapa en soledad y confundir su desinterés con una falta de necesidad.
Claro que necesitan tiempo y espacio para asimilar e integrar los cambios que están experimentando y, como papás y/o educadores, hay que respetarlos, pero, al mismo tiempo, es importante hacerles sentir que seguimos ahí, sin ser invasivos.
Al final, no hay que olvidar que el ser humano es un ser social y que, aunque durante la adolescencia parezca que necesitan alejarse de los demás, el vínculo y la mirada siguen siendo importantes.
“Acompañar la adolescencia es respetar su espacio sin dejar de estar presentes”
// Ruthy Penhos
Comité de Salud y Convivencia





