Antes de entrar a la tierra de Israel, el pueblo judío fue instruido en la mitzvá o

precepto de Jalá.

Esta ley establecía la separación obligatoria de una porción del pan para darlo a los sacerdotes o Cohanim, con la finalidad de que estos tuvieran una vida digna y una forma honrosa de ganarse su alimento, ya que eran servidores públicos y recibían a cambio de su trabajo y labores comunitarias diezmos y porciones alimentarias. La mitzvá de Jalá es considerada central en el cumplimiento de ley judía y es parte de las 613 mitzvot de la Torá.

A partir de la destrucción del templo y la consecuente salida al galut (o exilio) esta obligación bíblica se convirtió en una ley rabínica. Esta ley consiste en separar una porción de masa al cocinar pan (la cantidad no está claramente estipulada, pero generalmente trata de 1/24 de toda la masa). Después de recitar la bendición correspondiente, se hornea el trozo hasta casi quemarlo y se tira en forma respetuosa, ya que es prohibido comerla y tener satisfacción de él.

La palabra Jalá, no significa pan, ni masa, ni nada relacionado a la deliciosa hogaza que comemos con tanto gusto. Jalá proviene de la raíz hebrea de Jol, que significa cotidiano o secular. Nos preguntamos ¿qué relación guarda esta palabra con la imagen de un pan trenzado?

Solemos pensar que lo cotidiano es algo que sucede con tanta frecuencia, y de un modo tan natural que es parte integral de la vida y no reparamos en verlo o analizarlo. “Es así, porque es así, porque es así… ad infinitum” esta cotidianidad nos desensibiliza de ver que detrás de las cosas más sencillas y simples sigue habiendo un misterio. El judaísmo ofrece un remedio útil para evitar esta desensibilización, y lo hace elevando aquellas cosas que parecen ordinarias, y que permean nuestra más simple existencia, posicionándolas en un nivel de santidad y espiritualidad.

¡Todo es sagrado! comer es algo ordinario y cumple una función biológica primaria, pero a su vez más allá de satisfacer una necesidad, está la posibilidad de elevar lo físico en algo espiritual. Esta visión posiciona al hombre en un ser único dentro de la creación, es un ser capaz de elevar el mundo animal y físico en un mundo de exaltación, conciencia y propósito.

La mitzvá de separar la Jalá es obligación de todo aquel que hace pan, mas la mujer es considerada la más apta para cumplir con esta mitzvá, ya que es parte de la naturaleza femenina la rectificación y elevación del mundo material, y el consiguiente acercamiento con la fuente primaria de todo, que es D-os.

El Maharal de Praga nos ilustra una metáfora importante a través de la cual presenta un paralelismo entre el cuerpo y el alma de los seres humanos, y la harina y el agua del pan. De tal forma que el hombre y el pan son análogos. Tomar un trozo de masa y santificarlo es una manera de hacer una rectificación o Tikun y elevación de nosotros, redefiniéndonos como seres unificados en donde lo físico y lo espiritual se mezclan de manera armoniosa.

¡Hashem Ejad U Shemo Ejad!

The Shabbos Project

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