Janucá se conoce como el Jag de la gburá (heroísmo), este sentido de heroísmo que logró traer muchas victorias con la ayuda de Hashem y sus milagros. 

La palabra gburá, me hace reflexionar en cómo se construye la misma, ¿acaso todos los héroes son líderes?  

Una pregunta indispensable para nosotros los educadores o en su lugar, para los padres de familias es: ¿cómo se crece y desarrolla un héroe que sea líder? 

Hay muchas respuestas, pero iniciamos con la historia de Janucá donde se presentaron diferentes ejemplos de la forma en que se reflejó un liderazgo y una gburá real. 

Para empezar el liderazgo generalmente no se manifiesta en un momento planeado sino, más bien, es el reflejo de una preparación y proceso personal donde yo soy guibor y reconozco mis capacidades para actuar en el momento necesario.

Lograrlo inicia con un compromiso conmigo mismo, ¿estoy trabajando día a día detrás de las metas que quiero conseguir? 

Dice el Pirke Abot, capítulo 4, mishná 1: ¿Quién es fuerte? Quien domina sus impulsos. Pues fue dicho: Mejor es el paciente que el fuerte y quien reina sobre su espíritu que quien conquista una ciudad (Proverbios 16:32). 

Aprendemos que cuando decimos heroísmo, nos referimos a construir una personalidad estable, que sepa exactamente lo que quiere de sí misma y que no se desvíe del camino por un entusiasmo momentáneo. El guibor tiene la capacidad de controlar lo que dice y lo hace, sin ceder ante las debilidades, incluso cuando es realmente difícil manejarlo. 

Para lograrlo debemos tomar en serio el proceso de desarrollo personal. Asumir la responsabilidad de la vida. Entonces seremos héroes de verdad. 

Como la familia de los Jashmonaim, poseían su identidad muy bien inculcada a pesar de verse amenazados por el imperio más poderoso, ellos tenían claro que hay cosas que no iban a hacer, convirtiéndose en el ejemplo de rebelión contra los griegos. 

Otro ejemplo es Yehuda Hamakabi, al lograr unir al pueblo para rebelarse. Inicialmente transmitió confianza al pueblo mediante una serie de acciones como una buena preparación y entrenamiento, junto con pequeñas vivencias de éxito, elección de las mejores personas para lograr el resultado, buena estrategia, autodisciplina y emuná (fe). 

Como podemos ver, hay muchas cosas que debemos hacer para lograr que las siguientes generaciones sean personas proactivas, que conozcan sus talentos y que vivan en el día a día sus prácticas de éxito para que puedan motivar a otros, siendo cada uno luz para un mundo mejor. 

// Elá Ashkenazi

Coordinadora de Identidad judía

 

 

 

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