
En la tradición judía, cuando una persona abre los ojos por la mañana, debe decir una bendición porque su alma ha vuelto al cuerpo y se puede despertar.
El día comienza dando gracias al Creador por un día más de vida.
Pero esta no es la única bendición del día, sino la primera de muchas. Después de entrar al baño también hay una bendición y una acción de gracias. Un judío muy hambriento no debe de comenzar a comer inmediatamente, sino hasta después de decir una bendición cada vez que come y bebe. Al salir de casa y viajar también se reza una plegaria por un viaje exitoso. A veces, cuando sentimos que nos ha ocurrido un milagro o nos hemos salvado de algún peligro, surgen palabras de agradecimiento.
Si viste un arcoíris en el cielo, hay una oración especial. Antes de irse a dormir, se dice el rezo “Kreyat Shema” en la cama, que incluye un mensaje de perdón para todos los que nos ofendieron durante el día, así podemos dormir con la sensación de que lo negativo ha quedado atrás.
¿Por qué tantas oraciones contienen una acción de gracias? ¿Qué tienen en común todas las cosas que bendecimos?
A veces no nos damos cuenta de lo importantes que son las pequeñas cosas cotidianas. Es una oportunidad para agradecer el estar vivo un día más, por la comida en la mesa, por los regalos que la vida nos da a diario y que a veces no vemos.
Otra virtud que se tiene al decir tantas bendiciones es la capacidad de autocontrol que se desarrolla en el alma humana. Cuando una persona sabe que antes de comer o beber, debe decir una bendición y contener el apetito, su personalidad adquiere el control del instinto.
Otro mensaje que recibe el judío al bendecir es que cuando nos detenemos un momento y decimos ‘gracias’, nuestra alma se acostumbra a la apreciación. Y cuando apreciamos lo que tenemos, disfrutamos más de la vida misma.
Así que el judaísmo, de una manera especial nos permite apreciar la importancia de la bendición, la gratitud y las pequeñas cosas cotidianas que de otra manera pasarían inadvertidas.
// Moré Avi Meir






