
En la festividad de Shmini Atzeret (el octavo día
que cierra las festividades del mes de Tishrei) festejamos también la Fiesta de la Torá, nos alegramos por ser el pueblo del Libro, cantamos y bailamos con los rollos sagrados de la Torá y en esa forma expresamos nuestra identidad como Pueblo del Libro, los depositarios de la voz divina, la enseñanza de Dios a su Pueblo. En Simjat Torá renovamos nuestra obligación hacia las palabras del Eterno.
Esas palabras las leemos, estudiamos e interpretamos constantemente, porque son “Nuestra vida y están con nosotros, y debemos día y noche pensar en esas palabras”, y durante miles de años estudiamos e interpretamos las palabras de la Torá, cada generación lee e interpreta y la Torá sigue siendo nuestra guía. De la Torá aprendemos cómo debemos vivir y actuar; la Torá nos enseña sobre comidas, sobre relaciones entre el hombre y la mujer, sobre relaciones entre los seres humanos. Qué debemos hacer y qué no debemos hacer. Es la Torá el programa divino que establece una concepción total de vida y mundo. Y bailamos y cantamos con la Torá, para recordarnos que debemos vivir en base a ese extraordinario Libro.
La Torá no nos fue otorgada como amuleto, ni como símbolo, sino para vivir de acuerdo a ella. Lo que importa son las palabras y nuestro comportamiento. Leerla y estudiarla sin internalizarla no tiene ningún sentido. Si no vivimos de acuerdo al espíritu de la Torá, no tienen sus mensajes ninguna importancia. Si la leemos como parte de la liturgia, sin sentirnos obligados, estamos profanando al Eterno.
Simjat Torá llega el último día de las festividades. En este momento se lee la última porción de la Torá, ya que nunca debemos terminar la lectura de la Torá, empezamos la lectura al puro principio de nuevo para mostrar que amamos la Torá como un “nuevo mandato al que todos corren.”
Es una ocasión muy feliz. Todos los pergaminos de la Torá son sacados del Arca y llevados en un desfile alrededor de la sinagoga siete veces. Nos regocijamos, cantamos y danzamos con las Torás, por el reestablecimiento de nuestro pacto con la Torá, como un novio se regocija con su novia; ya que la Torá se desposa con Israel como una esposa con su marido.
A los niños se les dan regalos de dulce y fruta porque se ha dicho que los “mandamientos del Señor son más dulces que la miel.”
Fuente: www.aurora-israel.co.il
