Una canción popular israelí menciona: “Anu Banu Hartza Libnot u Lehibanot Ba”, lo

que significa:

“Hemos llegado a Israel para construirlo y para ser construidos por él”.

Creo que la última parte de esta frase describe perfectamente el sentimiento que hoy sentimos al estar en México después de vivir diez meses en Eretz: Israel. Vivir por tanto tiempo en un lugar tan mágico e importante para el pueblo judío sin duda alguna nos cambió de muchas formas, nos construyó, nos recordó que somos parte de un pueblo milenario con valores especiales. Hoy nos damos cuenta que tenemos una responsabilidad muy grande de seguir transmitiendo a las próximas generaciones la esencia del judaísmo, las tradiciones, el idioma y nuestro querido país Israel.

La Hajshará es un proceso de aprendizaje y crecimiento personal que vivimos las once personas que viajamos por parte de Macabi durante diez meses al Estado de Israel. Estos meses estuvieron llenos de experiencias, sionismo, judaísmo y herramientas para crear un mundo mejor, más consciente de su alrededor y más proactivo. Nuestra Hajshará constó de cuatro etapas. Comenzando con Majón, escuela de Madrijim donde estuvimos cuatro meses viviendo en Kiriat Moriah, Jerusalem. La segunda etapa fue la Marvá, programa de dos meses donde residimos en la base militar de las Fuerzas de Defensa de Israel Sde Boker, y por supuesto, la responsabilidad que conllevaba.

Después de estos dos meses donde adquirimos una visión más clara de la actualidad israelí fuimos a vivir al Kibutz Revivim, ubicado al sur de Israel, donde por primera vez nos familiarizamos con trabajos como la cocina, la jardinería, la lavandería y porque no, también trabajamos en un gallinero y separando basura. Sin duda, vivencias que nos enseñaron que si uno no lo hace, nadie lo va a hacer.

La última etapa fue Tel Aviv, qué ciudad tan llena de vida, tan llena de fiestas y cultura, donde aprendimos a vivir solos, cocinarnos y limpiar nuestro propio departamento. Cosas que sin la presión de una madre, a algunos nos costaba trabajo realizar, pero aún así nos la teníamos que arreglar.

Mayan Vinitzky mencionó… “La Hajshará fue una experiencia de vida, donde aprendí a ser independiente, a ver el mundo con otros ojos y a saber resolver los problemas por mí misma”.

Asimismo, Joyce Haim nos contó… “Shnat ha sido el mejor año de mi vida hasta ahora, donde pude conocer gente increíble, aprender sobre Israel y reforzar mi identidad, mis costumbres, porque tú te vas de Shnat, pero Shnat nunca se va de ti”.

Alan Haim nos platicó… “Crecí como persona a lo largo de todos los tropiezos, todas las oportunidades que tuve, todas las experiencias a lo largo de esta etapa”.

En diez meses donde conocimos tanta gente, comenzamos como desconocidos y terminamos como hermanos. Hermanos con una misma ideología, pero distinto país, hermanos que regresan a sus países a cambiar vidas, al igual que nosotros. Hermanos Macabeos, Jazakim, Ve Amitzim. Fuertes y valientes.

Hoy le queremos desear a Israel tranquilidad y unión, que el anhelo de paz nunca desaparezca y que siempre exista Tikvá, esperanza en cada corazón judío. Amén.

Hajshará 2015

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