
16 por ciento. Solamente el 16 por ciento tiene el trabajo de sus sueños de la infancia,
según una encuesta hecha por Kenexa World Company. De 1,100 personas solo el 16 por ciento pudo haber afirmado que estaban cumpliendo el trabajo de sus sueños, mientras que el 60 por ciento dijo que, pese a su estabilidad, nunca perdieron las esperanzas en sentirse más satisfechos al cumplir sus sueños. Aquí está la situación: los ricos se hacen pobres por ser ricos, y los pobres buscan la riqueza sin perderla. Entre más tenemos, menos podemos. Más esperan de nosotros y menos buscamos lo que llegaríamos a ser. Ahí va. Cada uno de nosotros nació en una familia y sin saberlo, teníamos un futuro esperado. Desde la escuela en la que estudiamos, hasta la carrera que escogemos, o incluso, la persona con la que nos casamos. Nacemos con una imagen predeterminada sobre qué tendríamos que ser en vez de buscar quién queremos ser. Crecer en el siglo XXI puede ser comparado con la ser un jarrón de barro. Supuestamente vivimos en una sociedad que impulsa la libertad y la individualidad. Vemos campañas por la calle diciendo que puedes amar a quien tú quieras, y que puedes decir lo que quieres. Pero, la realidad de las cosas es que todos esos impulsos son reglas escondidas establecidas por una sociedad opresora, la principal: “preocúpate”. Preocúpate de crecer y formarte como un jarrón de barro, preocúpate por cuidarte y ser perfecto pues si una piedra se cruza en tu camino, o quieres ser más alto que lo establecido tienes consecuencias. Si llegas a tener alguna “falla de fábrica”, pierdes valor. Si te llegas a romper, te envuelves inservible. Y no me refiero necesariamente a llegar a tropezarte en el camino, sino fallar en lo que supuestamente debes ser. Probablemente a muchos le encuentren sentido a lo que acabo de decir; sin embargo, no llegan a entender la raíz de este problema. “Preocúpate”, dicen. Pero decidamos la palabra, muy fácil. Pre-ocúpate. Pre: anterior. Ocuparse: gastar tiempo y energía en algo. Preocuparse: Gastar tiempo y energía en algo que no ha pasado. Según el Huffi ngton Post, uno de los siete hábitos de las personas crónicamente infelices es pensar en el futuro con miedo y preocupación. Nos educan para preocuparnos, a no buscar más allá y a no tomar riesgos cuando la vida es una apuesta, un juego de suerte. Nos imponen un miedo a no ser perfectos y nos abren las puertas a un vacío que nos bloquea en nuestros sueños, nuestra ideología, salud, valores e incluso nuestro espíritu. Perdemos la esencia que nos motiva volviéndonos personajes paranoico. Nos preocupemos tanto que perdemos la noción de la realidad. Nos educan para preocuparnos en vez de ocuparnos de las cosas. A desechar nuestros sueños y achicar ese 16 por ciento. Tomar la vida por las riendas con confianza y asumir responsabilidad sobre lo que sea que pase. Y aprender. Imaginen la cantidad de genios escondidos que hemos perdido por la mera preocupación de no ser suficientes, cuántas personas no han llegado a conocer la felicidad verdadera por esto mismo. De no adentrarse a este vacío porque es desconocido. Es como tener una pistola apuntada a la cabeza, con el gatillo en manos de la sociedad y en el momento que se les ocurra, deciden disparar. Debemos tomar esa pistola, ocuparnos de nuestras acciones. Y entender que ese vacío es imaginario, al igual que la palabra preocuparse. Que este abismo y estos miedos que nos implantan, son irreales, pues la perfección es el miedo a ocuparnos de nuestro espíritu. Millones de ideas pueden ser recuperadas, millones de sueños podrían ser alcanzados. Millones de personas podrían ser felices. Erick Schmidt, presidente ejecutivo de Google, y el excomandante de la Marina, Mike Abrashoff, son claros ejemplos de que todo esto es posible con perseverancia. Que el verdadero éxito se encuentra enfrente de nosotros, ¡solo hay que abrir los ojos! Miren a este abismo y dense cuenta de que solo es un charco quien nos frena. ¡Salten! ¡Tírense al abismo! A fin de cuentas, no existe
//Nicole Bratt
