
Estando en Israel – con el pleno convencimiento de que solamente aquí,
sobre nuestra tierra, podemos formar parte activa de nuestros procesos como pueblo – me invade un sentimiento de nostalgia por ti, mi viejo amigo, que tanto me enriqueciste en mi educación. Macabi, tú eres mi gran viejo amigo. En ti me crie, contigo me formé. Tú me enseñaste a hablar – dando mi opinión sin pensar dos veces. Y a reír – cerrando mis ojos y sin la noción del tiempo. Tú me enseñaste a bailar – con todas mis fuerzas sin considerar el famoso “qué dirán”. Y tú me enseñaste a jugar – con creatividad y pasión. Pero, Macabi, sobre todas las cosas, tú me enseñaste a tener valentía – enfrentando todos mis miedos y tomando la responsabilidad sin considerar el riesgo a fallar. La responsabilidad… La responsabilidad de mí mismo, o de mi kvutzá, o de mi tnuá (de Macabi), o de mi Comunidad, o de mi pueblo: Am Israel. Aquella responsabilidad que porto siempre en mis hombros con gran honor. Gracias Macabi, gracias querido amigo. Gracias con todo mi corazón. Gracias con todo mi amor. Gracias con toda mi responsabilidad.
//ALBERTO TUSSIE
