“Nuestras relaciones están
muy cerca de mi corazón. Ya en Buenos Aires solía ir a las sinagogas y encontrarme con las comunidades allí reunidas, seguir de cerca las fiestas y conmemoraciones judías y dar gracias al Señor, que nos da la vida y nos acompaña en el camino de la historia”, recordó Francisco, que se convirtió hoy en el tercer papa de la historia en visitar el Templo Mayor de la capital italiana.
“Con el tiempo, se ha creado un vínculo espiritual, lo que ha favorecido la aparición de amistades genuinas e incluso inspiró un compromiso compartido”, agregó Francisco, que visitó la Sinagoga romana en medio de un fuerte operativo de seguridad. Dentro del templo, Francisco insistió con su llamado al diálogo interreligioso, ya que “es esencial que nos reunamos como hermanos y hermanas ante nuestro Creador y le alabemos, que nos respetemos y valoremos unos a otros y tratemos de cooperar”.
“Y el diálogo judeocristiano es un enlace único y especial, en virtud delas raíces judías del cristianismo. Judíos y cristianos, por tanto, deben sentirse hermanos, unidos por el mismo D-os y un rico patrimonio espiritual común, sobre el que construir y seguir construyendo el futuro”, pidió Francisco, cuyo discurso fue interrumpido quince veces por los aplausos. Durante su mensaje, el pontífice recordó además “los grandes desafíos que enfrenta el mundo hoy”, entre los que enumeró que “una ecología integral es ahora una prioridad, y cómo los cristianos y los judíos pueden y deben ofrecer a la humanidad el mensaje de la Biblia sobre el cuidado de la creación”.
“Los conflictos, las guerras, la violencia y las injusticias son profundas heridas abiertas en la humanidad y nos llaman a fortalecer el compromiso con la paz y la justicia. La violencia del hombre por el hombre está en contradicción con toda religión digna de ese nombre, y en particular con las tres grandes religiones monoteístas. La vida es sagrada, como un regalo de D-os. El quinto mandamiento del Decálogo dice: `No matarás`”, enfatizó Francisco.
“Todo ser humano, como criatura de D-os, es nuestro hermano, independientemente de su origen o de su afiliación religiosa. Cada persona debe ser visto con buenos ojos, al igual que D-os, que da su mano misericordiosa para todos, independientemente de su fe y de su origen, y que se ocupa de las personas que más lo necesitan: los pobres, los enfermos, los marginados, los indefensos. Donde la vida se encuentra en peligro, se nos llama aún más para protegerla”, exclamó el Santo Padre.
Al llegar a la Sinagoga minutos antes de las 16:00 horas de Roma, Francisco puso flores en la placa conmemorativa de la deportación de los Judíos de Roma en 1943 y de la víctima de un ataque palestino de 1982.
Fuente: www.itongadol.com.ar
