En el año 2003 me hice parte de Yejefim, que en su momento era de los pocos o podría decir
únicos grupos de Secundaria que tenía hombres en su elenco para bailar. Conforme los años fueron avanzando, ese gusto por bailar fue consumiéndome cada vez más, hasta hacerlo parte de mi vida diaria; comencé a bailar con mi escuela y dos años después de entrar a Yejefim ya estaba bailando en Danza de Cámara un dueto. Entré a Nefesh al pasar a Prepa, y esto me dio la posibilidad y apertura de meterme aún más en esto tan grande que es la danza, entré a varios grupos más, de mi escuela, de una Comunidad en categoría Abierta del Festival, bailé de nuevo en Danza de Cámara, porque mi amor por la danza crecía exponencialmente. Este mismo año hice el Ulpan Emshej del cual me gradué con excelencia, gané la revelación al mejor bailarín de la categoría Folklórica (que para los que me conocen hoy en día, consideran un poco raro que haya sido en esta categoría), y monté mi primera coreografía en Primaria.
Pasó el tiempo, aumentó mi amor por esta maravilla que se puso frente a mí a los 11 años cuando bailé por primera vez con mi escuela en Garinim, ya no solo era lo que la danza me transmitía a mí, sino que como coreógrafo en ese momento, ya me tocaba ser yo el que transmitiría lo que por años me fue otorgado a mí.
La danza, se convirtió en una pasión, una vocación que sabía para ese momento que quería hacerla por el resto de mi vida.
Después de años de experiencia bailando en los mejores foros, montando en múltiples grupos dentro de la Comunidad Judía para el Festival Aviv Carlos Halpert de Danza Judía y otros foros, abriéndome cancha en medios profesionales externos a la Comunidad, aceptando cualquier propuesta de trabajo que tuviera consigo la danza, hoy me queda claro que hay algo más que la danza, pero ¿qué es?
Si bien antes de contarles un poco de mi perspectiva actual sobre lo que es la danza y porque hay algo más, me gustaría retomar una frase que engloba todo lo que pienso al respecto: “La danza no es solo transmisión de una técnica, sino también de un impulso vital profundo”, de Isadora Duncan. Entonces, la danza en sí, es técnica, movimiento, fluidez, fuerza, control y muchas otras capacidades físicas que el cuerpo humano posee, y se deben desarrollar para este gran arte; pero es mucho más: la danza es expresión, de nada sirve una ejecución perfecta de movimientos si no hay de por medio un sinfín de emociones qué transmitir al público, al espectador, de generar vibraciones nerviosas en aquel que te está observando bailar.
La danza es pasión, porque pocos entienden cómo este arte y a su vez deporte, es un motor que mueve a todos aquellos que lo realizamos; es algo por lo que vivimos, respiramos y seguimos adelante. La danza es una fuerza vital, nadie entiende por qué una disciplina tan exigente, metodológica, detallada y a su vez abstracta es una vocación para nosotros los bailarines, coreógrafos, directores de compañías, y todo aquel que se encuentre sumergido en este mundo, nadie logrará entenderlo hasta que no lo viva, porque cuando lo vives se hace esa fuerza vital, esa razón por la cual haces tu día a día un barullo, para ir de ensayo a ensayo, de función en función, pasarte de vestuario a vestuario, de un escenario al otro, pasar de recibir la belleza de la danza a transmitirla.
La danza es terapia, es la posibilidad de entrar a ese salón de ensayo, a esa función y transportarte a un mundo paralelo, donde todos tus problemas dejan de existir, y ese momento en el que empiezas a bailar, todo aquello que llevas arraigado dentro de ti, explota de tu cuerpo convirtiéndose en mera poesía corporal, en emoción y sentimiento, en danza.
La danza es una familia, porque en ocasiones comienzas a ver más a tus compañeros de baile que a tu propia familia, pero eso no importa porque ellos también son tu familia, son aquellos que entienden tus triunfos, alegrías, sufrimiento, caídas, frustraciones y todo lo que gira alrededor de tu vida.
Hoy, entiendo mucho más de lo que cuando empecé a bailar, pero al hacerlo me queda claro que ahora me toca a mí ser quien lleve este mensaje a los que se encuentran en ese proceso. Hoy ser coreógrafo es más allá de crear una secuencia de pasos, elegir música y vestuario, ensamblar una pieza, pulir a los bailarines, enojarte y alegrarte constantemente en el transcurso de tus ensayos, hoy ser coreógrafo es educar, ser ejemplo, transmitir no solo teoría, sino también sentimientos y emociones, pero sobre todo amor por la danza.
Para aquellos que siguen pensando que la danza es meramente la ejecución de movimientos al compás de una melodía, les digo: están equivocados. La danza es arriesgarte, es vivir, fluir, emoción, pasión, respirar, educar, sentir, gozar; es ser parte de algo tan grande, pero a la vez tan pequeño, es vivir en un universo alterno que solo pocos entienden, es transmitir.
