
No, no se trata de ideologías, de política, de un adjetivo tan explotado por las izquierdas que no sabemos en realidad qué significa, igual que no sabemos qué significa la izquierda tan explotada por esas derechas que oscilan en la confusión epistemológica.
La derecha de la que hablo no tiene ninguna ambigüedad, es más, si se tratara de política, cualquier izquierda la envidiaría, pues esa derecha tiene tanta humanidad y ética que las avergonzaría. Y es que esa derecha acoge tanto al débil sin menospreciarlo como al fuerte alabándolo. Y sé de lo que hablo porque yo alguna vez fui campeón y conocí esa clase de triunfo… No obstante, mi interés no es hablar de la ética de esa derecha, que de sí merecería un artículo, sino de su estética. Sí, la derecha puede tener su estética templada y sublime y ésta no tiene nada que ver necesariamente con su ética, aunque en este caso confluyen, sin que una sea argamasa de la otra. Si esta derecha de la que escribo hubiese participado en una olimpiada, habría sido o sería, hasta el momento, un oro y un oro cedeísta. El problema, o el desafío, según se mire, es que el CDI inventó un deporte inmenso, quizás sin proponérselo, no conocido internacionalmente; un deporte tan singular y único, como la derecha estética de la que estoy haciendo referencia. Los grandes campeones, aquellos que se les puede relatar, son campeones por muchas razones, pero en todos se puede percibir una estética singular que provoca a la pasión y a la recreación fantástica, en otra palabras, no hay gran campeón deportivo sin que empuje en el espectador una idea estética inesperada y una fantasía extrasensorial de cuasi idolatría, sin atentar, por supuesto, contra la idea bíblica de la vacuidad de las representaciones idolátricas que superan la docena de formas según su materia y especialidad, y que, por cierto, sus alientos inundan los estadios. Personalmente no creo que todos los deportes reconocidos internacionalmente supongan la posibilidad de un valor estético tan per se en sus campeones como aquí lo describo, pongo el ejemplo del boxeo, pero he de reconocer que la movilidad y el golpe certero producto del engaño puede arrastrar un valor estético, sobre todo en el boxeo olímpico porque el adversario está protegido y es difícil que el nocaut violento lo lleve al hospital o a la morgue y entonces la estética del deporte se convierta en una representación del desfiguro, en una estética del espanto por decir lo menos; no es lo mismo tener un accidente deportivo que implica por sí mismo la consternación que realzar en la recreación deportiva una faceta violenta de la condición humana.
La raqueta de nuestra derecha en cuestión no sólo tiene una fuerza particular, más allá de su edad de un adulto joven, una fuerza que de sí impresiona a cualquier adversario, sino una precisión de tal magnitud que demuestra casi científicamente que el logro en el engaño es la arteria principal del campeón deportivo, el engaño como estrategia. No obstante, se puede engañar al adversario con técnica y sin belleza, produciendo pasión sí, pero sin que produzca necesariamente la fantasía extrasensorial, la recreación fantástica de las grandes jugadas, como sucede con los lances limitados de un campeón sin posibilidad de novelar verdaderamente.
Nuestra poderosa derecha recrea la fantasía porque no se deja dominar por el viento y sus azares, sino porque lo conquista, lo hace céfiro o tormenta según se proponga, de tal suerte que la raqueta es como un timón de velas que sortea y a al vez provoca los oleajes de las abiertas impetuosas o de las dobles paredes, o bien que impide y a la vez prepara con una velocidad mental inaudita las suaves trampas del mar calmo, apacible; una raqueta que engaña y que a la vez se defiende con arte. Ese deporte cedeísta es el Squash de tres paredes, y esa derecha, la mejor a mi parecer, sin menoscabo de otros grandes esquashistas que merecerán ser narrados, es la del señero campeón Alberto Smeke, un campeón náutico entre paredes bajo un cielo abierto … Que Poseidón siga soplando en su golpe estético de derecha hasta los 120. Y sólo hablé de su derecha, tendrían que ver su revés y los efectos…
El Squash 3P ha sido un deporte mayoritariamente masculino a través de sus generaciones, aunque hay representantes del género femenino con grandes destrezas, me viene a la mente casi de manera instantánea el nombre de Esther Sacal, jugadora brillante y tenaz con espíritu de competencia ganadora; habría que hacer un reconocimiento histórico de la participación femenina a través de las generaciones de este deporte único.
El tiempo constata que es un deporte de convivencia social e intergeneracional, hoy día, por ejemplo, convivimos generaciones desde los veintitantos hasta nuestra máxima figura madura que se perfila hacia los ¡90 años! (¡que sean 120!), una proeza de voluntad deportiva que nos habla de la fuerza de su corazón valeroso y lleno de alegría, Don Isaac Cheja, nuestro “Chejita”, señero campeón al que habría que disputarle todavía hoy su tercer lugar en parejas… y cuya historia merecerá ser narrada junto a la de otros grandes jugadores de distintas generaciones…
Hoy día se requiere trabajar en el relevo generacional pues el promedio es de aproximadamente 50 años; tenemos jugadores jóvenes, muy pocos, aunque todos ellos extraordinarios, a vuelo de pájaro pienso en el linaje Grinberg, Harari o Tuachi, o bien en una promesa de diez años, Carlos, del linaje Smeke.
