Fortalecer el cuerpo y el espíritu durante la quimioterapia

Fortalecer el cuerpo y el espíritu durante la quimioterapia

Recibir un diagnóstico de cáncer y comenzar un tratamiento de quimioterapia representa uno de los desafíos más complejos que una persona puede experimentar.

No solo se producen
cambios físicos; también aparecen miedo, incertidumbre, tristeza y preguntas profundas sobre la vida, el futuro y el sentido de la propia existencia.

En medio de este proceso, surge una pregunta importante: ¿cómo podemos fortalecer nuestro cuerpo y nuestra mente para afrontar el tratamiento con mayor bienestar?

Desde la psicología transpersonal, el ser humano se comprende de manera integral, considerando sus dimensiones física, emocional, mental, social y espiritual. Esta perspectiva invita a reconocer que, aunque no podemos controlar todas las circunstancias de la enfermedad, sí podemos desarrollar recursos internos para transitarla con mayor conciencia, serenidad y conexión con nosotros mismos.

Es importante aclarar que la actitud positiva, la meditación o la espiritualidad no curan el cáncer ni sustituyen la quimioterapia. Sin embargo, pueden contribuir al bienestar emocional, ayudar a manejar el estrés y favorecer una mejor calidad de vida durante el tratamiento. Fortalecer el cuerpo significa cuidarlo y respetar sus necesidades, no exigirle que resista más de lo que puede.

Durante la quimioterapia, el organismo realiza un esfuerzo considerable. Es frecuente experimentar cansancio, náuseas, cambios en el apetito o dificultades para dormir. Ante ello, lo importante es escuchar a tu cuerpo, lo que significa dejar de considerarlo un enemigo y comenzar a reconocerlo como un compañero que necesita atención, paciencia y respeto.

También suele aparecer el miedo a los resultados médicos, la preocupación por la familia y la incertidumbre ante el futuro pueden generar una importante carga emocional. Las emociones no se consideran obstáculos que deban eliminarse, sino experiencias que pueden observarse y comprenderse sin juzgarlas. Sentir miedo no significa tener una actitud negativa. Llorar no implica debilidad y experimentar tristeza no significa perder la esperanza. Aceptar las emociones permite expresarlas de manera saludable y buscar los apoyos necesarios. Una herramienta útil para sobrellevar este proceso es la respiración consciente. Consiste en dirigir la atención al ritmo respiratorio, procurando que la exhalación sea lenta y cómoda, sin forzar el cuerpo.

Esta práctica puede ayudar a algunas personas a disminuir la tensión y recuperar una sensación de calma. Sin embargo, es importante trabajar en el bienestar integral donde se debe acompañar de medidas concretas y coordinadas con el equipo médico, por ejemplo:
• Alimentación: Consultar con el oncólogo o un profesional de nutrición para adaptar la dieta a todos los síntomas y necesidades individuales.
• Descanso: Respetar los periodos de sueño y recuperación, sin interpretar el cansancio como falta de voluntad.
• Movimiento: Caminar o realizar ejercicios suaves únicamente según la tolerancia y las indicaciones médicas.
• Relajación: Practicar respiración consciente, meditación breve o visualización guiada si resultan agradables y no aumentan el malestar.
• Seguridad médica: Consultar antes de utilizar suplementos, hierbas medicinales o productos naturales, porque algunos pueden interferir con los tratamientos oncológicos.

La fortaleza consiste en cuidarse, no en resistirlo todo. No se trata de vencer la enfermedad únicamente con la fuerza mental ni de responsabilizar al paciente por los resultados médicos.

Se trata de integrar los recursos emocionales, sociales y espirituales con el tratamiento científico, reconociendo que cada persona vive la enfermedad de manera muy distinta.

En algunos momentos, la fortaleza será caminar unos minutos; en otros, aceptar una comida preparada por alguien querido, expresar el miedo o descansar sin culpa. También puede consistir en acudir puntualmente a una consulta y hacer preguntas para comprender mejor el tratamiento.

El cuerpo necesita atención, la mente necesita comprensión y el espíritu puede encontrar refugio en aquello que da sentido a la vida.

Acompañar estas dimensiones no garantiza un resultado clínico determinado, pero puede contribuir a que el camino de la enfermedad se transite con mayor dignidad, apoyo y bienestar.   

Maayan Hajaim

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