
Habla a los hijos de Israel y diles: A los quince días de este mes séptimo será la fiesta solemne de los tabernáculos a Jehová por siete días. Levítico 23:34
//Jacqueline Rubinstein
La fiesta de Sucot es citada innumerables veces en la Torá, lo que nos da a entender que es la celebración central del mes de Tishrei y es en varios sentidos pues no sólo el mes llega a su primera mitad y junto al año que se ha renovado, alcanzamos ahora a un nuevo nivel en la escala del tiempo, una tercera y última etapa de este mes inicial del nuevo año, tiempo de Sucot, fiesta que invita a construir sobre los fundamentos de Rosh Hashaná que se cimienta sobre “La Justicia” y de Yom Kipur que se sostiene sobre “La Verdad”. Estos dos importantes tiempos transcurren en los primeros diez días de Tishrei, en los que, sumidos en nuestras plegarias, entrelazados con familiares y amigos, les otorgamos la dimensión de Yamim Noraim, “días que conmueven” hasta lo más íntimo del ser. Pedimos la vida y nos fue concedida como hermoso regalo.
Por su parte Sucot es un espacio creativo único, con medidas determinadas y condiciones especialísimas en el que podremos habitar por siete días fuera de casa y de sus rutinas. La Sucá, la cabaña, donde abrazamos también el Perdón y la Buena Voluntad, es historia, memoria y señal. Esa cabaña que construimos con nuestras propias manos significa volver a tomar el timón del destino y como tercera parte del mes de Tishrei, Sucot indica conclusión y equilibrio y la Sucá, resguardo de las inclemencias del desierto simbólico de nuestras vidas y su enseñanza de días pueden transmitirse y emplearse por décadas, centurias o milenios.
Este año, más que nunca, quiero celebrar Sucot porque la pandemia que azotó al mundo es nuestro nuevo desierto y nuestras casas se convirtieron en refugio como la Sucá. Son nuestro mejor abrigo, nos sentimos a salvo, nos mantienen en resguardo de lo que nos podría hacernos daño. Nos volvimos a enamorar del refugio, más que de la construcción.
Nadie podría haber transitado esos meses de desconcierto si no hubiéramos cultivado la fe y la confianza, porque también no nos sujetamos de las experiencias que nos dan fuerza y coraje para seguir adelante sin bajar los brazos, por ello, la tradición rabínica, que acompaña y embellece a la liturgia, le imprimió a esta humilde vivienda, la Sucá un sello muy hermoso que nos cobija a todos:
Ufros Alenu Sucat Shelomeja:
“Extiende sobre nosotros la Sucá de Tu Paz”
¿Qué significan las cuatro especias de Sucot?
L as cuatro especies (arba’at ha-minim) son cuatro plantas mencionadas en la Torá como relevantes para la festividad de Sucot.
Los judíos practicantes atan juntos tres tipos de ramas y un tipo de fruta y los agitan en una ceremonia especial cada día de la festividad de Sucot, excepto Shabat. Según el judaísmo rabínico, el sacudir estas cuatro plantas es una mitzvá prescrita por la Torá, y contiene alusiones simbólicas al servicio de Dios. En Levítico, dice: “Y tomarás en el primer día el fruto de árboles espléndidos, ramas de palmeras y ramas de árboles frondosos y sauces del arroyo, y te regocijarás delante del Señor tu Dios por siete días”. En la tradición talmúdica, las cuatro plantas se identifican como:
Etrog: Fruto de un árbol de cidra
Lulav: Es una rama madura, verde y cerrada de una palmera datilera
Hadass: Ramas con hojas del mirto
Aravá: Ramas con hojas del sauce Durante la época del Templo en Jerusalem, la ceremonia de ondear (llamada na’anu’im) se realizaba en el Templo Sagrado los siete días de Sucot y en otros lugares solo el primer día. Después de la destrucción del Templo, el rabino Yohanan ben Zakkai ordenó que las cuatro especies se ondearan en todas partes todos los días de Sucot (excepto en Shabat), como recordatorio del Gran Templo.
En las antiguas comunidades judías de Europa del Este, los judíos vivían en ciudades alejadas de los campos, lo que requería viajes considerables para comprar las cuatro especies. A menudo, pueblos enteros habrían tenido que compartirlos. El etrog especialmente era raro y por lo tanto muy caro. En las comunidades del norte de África, en Marruecos, Túnez y Tánger, las comunidades estaban ubicadas más cerca de los campos, pero el etrog aún era bastante caro. Allí, en lugar de uno por ciudad, había uno por familia.
Hoy en día, con la mejora del transporte, las técnicas agrícolas, etc., más personas tienen las suyas propias. Un etrog puede costar entre $3 y $500 dependiendo de su calidad.
La bendición dice, “Bendito seas, Señor nuestro Dios, Rey del universo, que nos ha santificado con Sus mandamientos y nos ha ordenado tomar el lulav”.
La ceremonia de ondear se puede realizar en la sinagoga, o en la privacidad de la casa o sucá, siempre que sea de día. Las mujeres y las niñas también pueden optar por realizar la mitzvá de ondear el lulav y el etrog, aunque la Halajá no les exige que lo hagan.
Se ofrecen varias explicaciones de por qué se eligieron estas especies en particular para la mitzvá. El Midrash señala que la unión de las cuatro especies simboliza el deseo de unir a todo el pueblo judío en el servicio a Dios. Se hace alusión a si las especies (o sus frutos) tienen o no sabor y/u olor, que corresponden al estudio de la Torá y las buenas obras. El simbolismo es el siguiente:
El lulav tiene sabor, pero no olor, simbolizando a aquellos que estudian Torá, pero no realizan buenas obras.
El hadass tiene buen olor, pero no sabor, simbolizando a aquellos que realizan buenas obras, pero no estudian Torá.
El aravá no tiene sabor ni olor, y simboliza a aquellos que carecen tanto de Torá como de buenas obras.
El etrog tiene tanto buen sabor como buen olor, y simboliza a aquellos que estudian Torá y realizan buenas obras. Una segunda explicación encuentra las cuatro especies aludiendo a partes del cuerpo humano. Cada una de las especies o sus hojas es similar en forma a los siguientes órganos:
Lulav – la columna vertebral
Hadass – el ojo
Aravah – la boca
Etrog – el corazón
Al unirlos por una mitzvá, los judíos muestran su deseo de consagrar todo su ser al servicio de Dios.
Una razón adicional para agitar las cuatro especies en todas direcciones alude al hecho de que todas estas especies requieren mucha agua para crecer. El lulav (palmera datilera) crece en valles regados, el hadass y el aravah crecen cerca de fuentes de agua, y el etrog requiere más agua que otros árboles frutales. Al tomar estas especies en particular y agitarlas en todas direcciones, el judío simbólicamente expresa una oración por lluvias abundantes para toda la vegetación de la tierra en el próximo año.
Fuente: Aurora / Compilado por Raúl Voskoboinik.
