Categoría: Infantil A, CUENTO
Seudónimo: Güera
Había una vez, hace algún tiempo, un conejo y un perro. Tenían una zanahoria que se veía muy antojable y los dos la querían. El conejo se la comió y el perro se enojó, así que dejaron de ser amigos.
Después de algunos días, se disculparon y comenzaron a cosechar muchas zanahorias juntos.
Al día siguiente, quisieron salir a comer zanahorias y descubrieron que ya no había más zanahorias. Las buscaron por todos lados, pero no las encontraron y se pusieron muy tristes.
Aun así, no se rindieron y siguieron buscando mucho, mucho, mucho… pero no pudieron encontrarlas, así que decidieron averiguar quién se las había robado.
Buscaron en el patio, en las casas de todos y hasta trataron de seguir huellas, pero no encontraron nada y seguían muy tristes.
De repente, escucharon un ruidito muy extraño:
“¿Será una rana?” dijo el perro.
“No, parece una serpiente” respondió el conejo.
“O una avispa, o una abeja, o un cocodrilo, o el mar, o el viento, o un pollito” dijo el perro sorprendido y pensó que seguro fue él. “A él le encantan las zanahorias”.
Entonces fueron a buscarlo y dijeron:
“Vamos a ver si él se las robó y si fue así, hay que decirle que podemos compartir todos las zanahorias para que siempre nos alcancen.
Y así aprendieron que compartir es mejor que pelear.